Tras la polémica ordenanza municipal contra el acoso sexual callejero impulsada por el Alcalde de Recoleta Daniel Jadue (PC), seguido por Joaquín Lavín en Las Condes (UDI) y Jorge Sharp (FA), quien también prepara una para Valparaíso, este martes en Las Condes se cursó una nueva multa hacia una mujer que insultó y amedrentó a trabajadores que recolectaban la basura.
Viernes 8 de junio de 2018
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Las municipalidades de Recoleta y Las Condes, ya iniciaron las medidas que pretenden solucionar el problema del acoso callejero a través de multas que van entre 1 UTM (47 mil pesos) y 5 UTM (233 mil pesos). Donde en Las Condes, el pasado jueves 24 de mayo ya se cursó la primera multa a un vendedor ambulante que le dijo a una joven “coma más ensalada para que conserve su linda silueta”.
Este martes volvió a ocurrir, mientras un grupo de trabajadores se encontraba recolectando basura en la comuna de Las Condes, una mujer de la comuna se acercó hostigando, insultando y amedrentando a los trabajadores. Ante esto, y luego de que los trabajadores grabaran un video, Lavín anunció que aplicaría la ordenanza por acoso callejero en contra de esta.
Esta ordenanza, según Lavín, “viene a provocar un cambio cultural en Chile” y en ella se define como acoso callejero a “toda práctica de connotación sexual no consentida cometida en contra de una o más personas en lugares o espacios públicos, o de acceso público, tales como, silbidos, comentarios o gestos obscenos, piropos, persecución a pie o en vehículo, arrinconamiento, captación de imágenes, videos o cualquier otro registro audiovisual”.
¿Pero cuál es el cambio cultural que pretende lograr la derecha? Este tipo de medidas surgen luego del debate nacional que se ha instalado en torno a la violencia machista, donde el movimiento de mujeres se ha tomado las calles y las universidades, exigiendo protocolos contra el acoso en las casas de estudio y educación no sexista.
De esta efervescencia se toma la derecha para hablar de cambios que en realidad no hace que el Estado, sus instituciones y los partidos de Gobiernos se hagan responsables, siendo que ellos mismos son los que responden a una clase -la más rica- y son los encargados de mantener todo tal cual está y de seguir reproduciendo las lógicas machistas, a través de su moral conservadora que nos prohibe abortar, sus leyes que privilegian sólo a algunos/as, sus reformas que fortalecen el autoritarismo y el abuso laboral; sus mallas curriculares y currículos sexistas, así como los trabajos precarios y las diferencias de salario por igual trabajo. Incluso en la misma medida que vienen planteando los supuestos “acuerdos nacionales”, el gobierno, con su demagogia, plantea que esto es un problema de la ciudadanía y de todo el país, no haciéndose cargo de tomar medidas reales que enfrenten la violencia machista hacia las mujeres.
Ante el "qué hacer contra el acoso" clara está que la respuesta del Gobierno, así como de las autoridades, la cual será el fortalecer el punitivismo y el castigo, como por ejemplo, este tipo de ordenanzas municipales, que hace responsables y castiga a sujetos individuales; desviando de foco a los principales y reales responsables. Al enfrentar la violencia machista de esta manera, lo que se hace es atacar un problema estructural, como lo es el patriarcado que va de la mano con el capitalismo, de una manera individual, dejando sólo sobre hombros de algunos sujetos toda la complicidad del gobierno, los empresarios y la iglesia, que sostienen la violencia hacia las mujeres.
La derecha plantea que con más castigos, penas y multas se va acabar con el acoso sexual y la violencia machista, fortaleciendo a las instituciones del régimen que la perpetúan; sin embargo, lo que hay realmente de fondo es que no les interesa acabar con la violencia hacia las mujeres, ya que le es servil a sus intereses que se mantengan las desigualdades entre hombres y mujeres, como la brecha salarial entre hombres y mujeres, en donde a nivel internacional se viene desarrollando en las últimas décadas una feminización del trabajo y de la pobreza; que se siga relegando a la mujer a ciertos roles como la crianza o el trabajo doméstico, y que no podamos abortar, relegando así a las mujeres pobres a abortar en centros clandestinos, en precarias condiciones de higiene, que muchas veces se traducen en fallecimientos e infecciones.
Por su parte, el Frente Amplio y la Nueva Mayoría, quienes son la supuesta “oposición” al gobierno de Piñera, se muestran a favor de este tipo de medidas, con la implementación en Recoleta por parte de Daniel Jadue (PC) y luego Jorge Sharp (FA) que pretende impulsarlo en Valparaíso.
El Frente Amplio, tiene la ilusión de que impulsando medidas y reformas, además de modificar e intentar mejorar los anuncios de Piñera, pueden combatir el machismo - que como ya dijimos pasa por un problema estructural y que tiene responsables claros- sin cuestionar a la Iglesia, los empresarios y el Estado capitalista, que son sin duda quienes tiene que ser los enemigos declarados del movimiento actual.
Además no buscan organizar al conjunto de los sectores oprimidos -quienes son nuestros aliados- para enfrentarse a estos. No ven que es imposible acabar con el machismo a través de reformas o leyes que se realicen dentro de los mismos márgenes del sistema capitalista, ya que quienes gobiernan y dirigen, lo hacen en pos de sus propios intereses y no permitirán que se los arrebaten tan fácilmente.
Es por esto, que mientras damos una batalla por protocolos de acoso independientes de las autoridades al interior de las universidades, por acabar con la educación sexista y de mercado que restringe el acceso, dejando a miles de mujeres fuera de las universidades, mientras luchamos por cogobiernos triestamentales, financiamiento integral a las universidades estatales, por aborto libre, legal, seguro y gratuito, además de un plan de emergencia que prevenga la violencia contra las mujeres a través de subsidios y oportunidades laborales con los impuestos progresivos a las grandes empresas.
Pero estas conquistas, que podamos arrebatarles a los gobiernos, no nos garantizan realmente una vida libre de violencia machista ni opresión. Por esto, la fuerza que impulsamos para ganar en las calles cada una de estas demandas, debe ser un piso para la batalla por transformar el conjunto de las relaciones sociales y acabar con el capitalismo y patriarcado. Ya que la lucha contra el acoso, no acabará aumentando penas y castigos, no acabará enfocando el problema a sujetos individuales o a través de multas.