Franco Villalba es delegado de la Comisión Interna ALICORP - ex Jabón Federal, una fábrica combativa en el corazón de La Matanza. Nos cuenta las impresiones que tuvo al recibir la noticia, mientras trabajaba junto a sus compañeros.
Sábado 18 de octubre de 2014 00:30
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En la tarde mientras trabajamos hasta que se vaya el sol, las radios están prohibidas y los celulares también, llego un compañero apurado desde otra sección. Y como buscando una respuesta dice:
Con carpa e igual desesperación empezamos a buscar un poquito de señal en el celular para poder saber algo más. _"Donde lo viste?"
E hizo un gesto cómo de desconfiar.
Fue imposible enganchar nada y sin más remedio que esperar empezamos a recordar con los demás quien era Luciano.
En ese instante cae un wats app de uno del turno mañana y repite la noticia. Haciendo de conexión entre nuestro encierro y lo que decían allá afuera en la tele:
Los latidos y la furia se aceleran cada vez más. La angustia también.
Haciendo malabares con el celular, ensanchamos una señal corta que nos permitió bajar un par de fotos de él.
Y ahí recordó ver su cara pintada en una pared. Otro encontrarse con su nombre en el respaldo del colectivo 96.
Cuando se lo llevaron, mucho tiempo taparon el caso. En la universidad de su hermana comenzaron a repetir su nombre. Luego su barrio y cada barrio de la Matanza se animó a difundir su rostro, confrontando a la temida mafia policial. Más tarde unos jóvenes irrumpieron con una bandera que preguntaba ¿Donde está Luciano Arruga? en los programas de TV. En los 90 una generación de jóvenes creció con Walter cómo símbolo de bronca contra la policía y su gatillo fácil. Hoy Luciano marco a las nuevas. Paredes, bondis, remeras, canciones de bandas, nombres de plazas, calles y hasta monolitos con su rostro gravado en cerámicos de los obreros de Zanón bajo control obrero, hacen que a pesar de que tanto Clarín como la tv pública, al igual que su justicia, hayan decidido cajonear su nombre, que su cara viva en cada joven trabajador de cada barrio humilde de cada rincón del país. Y esa memoria se multiplica, hoy podemos ver a los obreros sin patrón de Donelley publicando fotos con la cara de Luciano en las redes. Hoy su memoria, como la de Mariano Ferreyra son lucha y organización. A esos que seguimos apretando los dientes de furia, cada vez que la misma policía que se robo a Luciano, los más azules, o los de negro o los verdes, nos siguen tratando como basuras cuando salimos a bailar, a tomar algo, jugar a la pelota o a trabajar, utilizando la inseguridad cómo excusa. Cuando en realidad son ellos mismos los que hacen más insegura que nadie nuestra vida. Si todos sabemos por estos barrios, que atrás de cada transa, cada desarmadero, prostíbulo, secuestro, trata de mujeres hay un policía, comisario, juez,puntero... Y detrás de cada uno de éstos, un responsable de que hoy Luciano ya no este con vida.
Pero detrás de cada joven que recuerda su cara y su nombre, en cada fábrica, lugar de trabajo o facultad en la que se mantenga en alto la bandera de justicia, allí daremos batalla con todas nuestras fuerzas por conquistar una vida bella, sin miserias, sin muerte, sin opresión.