López Obrador se dirigió a un auditorio expectante para articular las distintas posturas que explicitó tanto en los debates electorales como en anteriores actos de campaña.
Con una retórica progresista con el horizonte de una “vía pacífica”, afirmó al inicio de su discurso "estamos a punto de comenzar la cuarta transformación en la historia de México, y de convertir en realidad los sueños de muchos mexicanos de antes y de nuestro tiempo".
Buscó deslindarse de ser la opción ante la descomposición y crisis de los partidos tradicionales: "La victoria del domingo se ha ido concretando con la abnegación de muchos, no surge de repente, ni brota únicamente del malestar que provocó el antiguo régimen autoritario de los últimos tiempos y que está llegando a su fin”.
Respecto a la campaña política que desplegó su partido, explicó que "con anticipación decidimos … apostar sin titubeos, sin medias tintas a la vía pacífica".
Insistió en que el principal problema de México es la corrupción y prometió que en su gobierno “se va a acabar con la corrupción, se va a limpiar de corrupción el país.”
Destacó AMLO que “En poco tiempo hemos contribuido a cambiar la mentalidad de amplios sectores de México y hemos dejado en claro que el PRI y el PAN representan lo mismo”, aunque a su campaña y a las filas del Morena se han sumado numerosas figuras de esos partidos profundamente cuestionados.
El primero en crisis desde la masacre de Iguala y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. El segundo, cuestionado por protagonizar escándalos de corrupción al igual que el PRI y por haber iniciado la “guerra contra el narcotráfico”, con el despliegue de la militarización que ha costado al pueblo cientos de miles de muertos, desaparecidos, desplazados y el alza de los feminicidios.
Aseveró López Obrador que “va a ser una trasformación pacífica y ordenada, se va quedar por encimita, va a ser igual de profunda que la Independencia, como la Revolución, va a ser una transformación pacífica, ordenada y radical”.
El candidato favorito en las encuestas y líder del Morena prometió que "Se acabarán con las amenazas, con el uso faccioso del presupuesto en favor de candidatos y partidos. Nadie será espiado, perseguido, reprimido, desterrado”. Afirmó también que el CISEN, la oficina de espionaje del gobierno, desaparecerá.
Otras de sus promesas fueron que “ningún grupo de personas por poderosas que sea hará negocios al amparo del poder público” y que los delitos electorales serán convertidos en delitos graves.
Anunció también que a la mitad del sexenio se someterá a la prueba de la revocación del mandato y ratificó que no vivirá en la residencia oficial de Los Pinos. También destacó que “habrá un gobierno austero, sencillo, sin lujos, sin privilegios, se reducirán los sueldos de los altos funcionarios públicos, para aumentar los sueldos de los de abajo”, y que el dinero que se ahorrará al no permitir la corrupción se destinará a financiar el desarrollo.
Prometió que él mismo cobrará menos de la mitad de lo que cobra Peña Nieto (ahora el presidente gana $259,627.58 por mes. Y aseveró que se cancelarán las pensiones a los expresidentes, no habrá caja de ahorro especial, ni atención médica privada para los altos funcionarios públicos.
Asimismo, reiteró sus propuestas “no van a aumentar los impuestos, no vamos a pedir prestado, no vamos a gastar más de lo que regrese a la Hacienda Pública y no va a haber gasolinazo". Y sostuvo que "no se privatizará el agua, ese acuerdo que acaban de firmar, va para atrás".
Reafirmó que se cancelará la reforma educativa y que se elaborará con maestros y padres de familia un plan para mejorar la calidad de la enseñanza, sin afectar los derechos laborales de los maestros. Pero nada dijo respecto a la subordinación de los planes de enseñanza a las órdenes de organismos internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
López Obrador sostuvo que va a proteger el medio ambiente y no se va a destruir el territorio. Algo complejo de cumplir si aprueba la operación de mineras y trasnacionales petroleras como Exxon.
Respecto al problema de la seguridad señaló: "No podemos permanecer indiferentes cuando se están cometiendo 89 homicidios diarios, desde el inicio de Calderón a la fecha han sido asesinadas más de 230 mil personas", y prometió establecer el mando único de las fuerzas.
En cuanto a los temas de política exterior, López Obrador explicó "Nos apegaremos a los principios constitucionales de no intervención y autodeterminación de los pueblos" y que será respetuoso de otras naciones, "mantendremos relaciones cordiales con todos los países del mundo” abundó.
“No le faltaremos el respeto al gobierno de Estados Unidos porque no queremos que nadie ofenda a nuestro pueblo, ni a la nación mexicana”, planteó sobre la relación con el gigante del norte. “En la relación con EEUU habrá disposición para dialogar y llegar al acuerdo. En su momento le plantearemos a Trump un tratado amplio con Canadá, que incluya también a los países centroamericanos” detalló y sostuvo “México nunca será piñata de ningún gobierno extranjero”.
No obstante, no expresó un repudio explícito a las brutales políticas migratorias de la administración Trump, cuyas últimas medidas fueron la separación de familias, la detención de niños y ahora la promesa de que no habrá más separaciones, sino que detendrán a padres e hijos juntos. Y tampoco se posicionó respecto la dura política migratoria de México –ordenada desde Washington- que impide y persigue el peso por el territorio nacional de los migrantes centroamericanos –que huyen de la pobreza y la violencia que reina en sus países de origen- y rechaza su asilo.
Resalta también que en el amplio discurso de López Obrador, guardó silencio sobre la extendida violencia hacia las mujeres y hacia la comunidad sexodiversa. El derecho al aborto legal, seguro y gratuito, el matrimonio igualitario, poner un alto a los feminicidios y crímenes de odio no tuvieron un lugar entre sus promesas. Algo que no debe sorprender, dada su alianza con el Partido Encuentro Social, de la derecha cristiana y alineada con el conservador Frente Nacional por la Familia.
Al final del acto de cierre, ante un atento auditorio, López Obrador afirmó que “nuestros opositores siempre tendrán respeto y nunca lo veremos como enemigos, vamos a cambio por el camino de la concordia, México somos todos, eso es lo que debe entenderse, el gobierno debe representar a todos”.
Una vez, el líder del Morena se presentó como el campeón de la imposible conciliación de intereses entre los empresarios y los de abajo.
Como explicamos acá, “En este proceso electoral, los socialistas del MTS hemos planteado claramente que, frente a los partidos patronales del Pacto por México y su programa abiertamente neoliberal, AMLO no representa una alternativa para las aspiraciones de la clase obrera y el pueblo. Entendemos que millones de trabajadores, mujeres y jóvenes, hastiados del PRI, el PAN y el PRD, depositan en él sus expectativas. Pero decimos que no será mediante el voto a su candidatura que las mismas serán resueltas.
Para eso, es necesario afectar los intereses de los grandes capitalistas y las grandes trasnacionales y poner en cuestión la dominación imperialista sobre el país. López Obrador ha planteado repetidas veces que la corrupción es la causa de la desigualdad; más allá de que la ‘clase política’ se sirve con la cuchara grande de la administración del estado, las condiciones en que viven las mayorías son resultado de un sistema social basado en la explotación y la opresión de los trabajadores y el pueblo, en provecho de una clase parasitaria que concentra la riqueza.”
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