En esta oportunidad Claudia Ferri (Historiadora - UBA) nos relata la historia de esta gran huelga realizada en Lawrence, Estados Unidos, en 1912.
Las mujeres obreras por su valentía y combatividad tiene muchísimo para contar aunque en general la historia del movimiento obrero suele estar contada con cara de varón. Particularmente en la industria textil tuvieron un protagonismo muy grande desde las últimas décadas del siglo XIX, porque tanto las mujeres como los niños eran la mano de obra más utilizada en esta rama, una de las más importantes y explotadoras de la época.
La lucha de las trabajadoras de Lawrence en 1912 no surge de la nada. Algunos de los antecedentes más importantes fueron la huelga de ocho meses de las trabajadoras del Algodón en Manchester (Inglaterra) en 1853, la de las costureras de Nueva York que en 1857 reclamaban reducir la jornada a 10 hs. A comienzos del siglo XX crecen las movilizaciones y las huelgas, el 8 de marzo de 1908 se produjo el incendio intencional en una fábrica textil de Nueva York donde murieron 129 obreras porque el patrón quería ponerle fin a sus reclamos, y al año siguiente en la misma ciudad una nueva huelga en la Compañía de Blusas Triangle lanzó a veinte mil obreras a la huelga. La industria textil era una de las más importantes y explotadoras de la época. Mayormente utilizaban como mano de obra a mujeres y niños para abaratar los costos.
El día 10 de enero se lanzó la huelga y en su mayoría no estaban sindicalizadas. La organización de Trabajadores Industriales del Mundo fue una de las primeras que alentó a mujeres a ocupar puestos y roles dirigentes, a diferencia de la central oficial Federación Americana de Trabajo, que sólo sindicalizaba a varones blancos. Las mujeres exigían “pan y rosas”. El pan simbolizaba conseguir un salario adecuado y las rosas tener mejores las condiciones de trabajo y una vida digna.
Crearon un comité de huelga con 56 titulares y 56 suplentes. Esto permitía que si el grupo titular era arrestado por la policía, como suele (solía) suceder, eran reemplazados por los suplentes para que la dirección del conflicto no quede descabezada. Una de las suplentes que pasó a convertirse en una gran dirigente de la huelga fue Elizabeth Gurley Flynn, militante socialista, de 22 años que alentaba todo el tiempo a combatir el machismo entre obreros, incluso entre las activistas.
Todos hablaban de las mujeres de Lawrence a pesar de silencio y el rechazo de los varones de la central sindical oficial que las tildaban de anarquistas y revolucionarias. La solidaridad se extendió con mitines en todo el país. Universidades cercanas como la prestigiosa Harvard organizaba colectas y comités estudiantiles. |