César González construye una mirada nueva dentro del cine independiente. Nació en 1989 en la Villa Carlos Gardel, de la zona oeste del Gran Buenos Aires, en donde vive hasta el día de hoy. Estuvo 5 años en prisión, al recuperar su libertad estudió un tiempo Filosofía en la UBA y desde hace unos años es cineasta. Lleva tres largometrajes exhibidos: Diagnóstico Esperanza (2013), ¿Qué puede un cuerpo? (2014) y Exomologesis (2016); además de un documental producido por Canal Encuentro y cortometrajes.
También es productor musical y escritor, publicó hasta el momento tres libros de poesía y trabajos periodísticos en distintos medios.
Su nueva película Atenas recorre la historia de Perséfone (Débora González) una joven que sale de la cárcel y enfrenta nuevos muros y castigos. Conversamos con César acerca de su cine y sus ideas.
¿Cómo surge la idea de Atenas y cómo se relaciona con tus anteriores películas?
Parte un poco de usar como punto de partida el viejo mito de Perséfone, la cárcel como un Hades, pero la salida de la cárcel, el regreso a la sociedad, el ascenso a la tierra puede ser un infierno aún peor. También quería reflexionar desde un marco más contemporáneo, sobre todos esos valores sociales que nacieron en Grecia y se perpetuaron en el tiempo. La democracia, el logos, el ethos, la libertad, pero a condición irrevocable de que otros sean esclavos. Sin esclavos no hay libres, eso fue incluso el siglo V A.C, los años de Pericles, donde había democracia casi directa, pero solo era para los considerados ciudadanos, en esa sociedad democrática los esclavos no eran considerados directamente seres humanos, sino bestias. ¿Cuán lejos estamos hoy de eso?
La relación con mis anteriores películas está en invertir la ideología innata que se encarna en una cámara cuando se prende. Una cámara que históricamente solo pudo ser manejada por precisos perfiles de clase, que naturalizó sin que nadie se lo reproche el derecho a observar la otredad, a juzgarla, a interpretarla, a analizarla, a darle sermones o a darle consejos. Intenté en lo que llamó la trilogía villera que cierra Atenas, no quedarme en el simple hecho de vivir como una virtud total que como villero pude realizar una película, sino como construir una mirada que no se deje intimidar por los discursos de poner la otra mejilla. El acceso y la usurpación de los medios históricamente negados para nuestra clase debe ser un fin en sí mismo pero a la vez un medio para construir novedades. Llevado esto al cine sería que: cuidado, se puede ser villero, explotado, o lo que fuere, lograr la ya muy difícil tarea de acceder a realizar una propia película, pero en ella se pueden reproducir las ideas dominantes. Lo que dejaría la cuestión en un plano muy confuso. Por eso teoría y práctica siempre deben estar en un devenir que las sostenga, respalde y mezcle continuamente.
La acción se desarrolla develando a cada paso profundas problemáticas
sociales que cruzan la Argentina actual. Desocupación, miseria,
violencia policial, discriminación de clase, opresión. Temáticas que
son abordadas en otras producciones de cine y tv, pero que en tu caso
aportan nuevos puntos de vista. ¿Qué elementos te planteás para
construir las imágenes de estas problemáticas, cómo pensás el
tratamiento audiovisual?
Mirando con atención y sin subestimar, analizando en detalle lo que el cine y la tv más hegemónica hacen constantemente a la hora de representar las problemáticas que mencionaste, y decir: "Eso es lo que quisiera no hacer". Parto de esa negatividad para encontrar mi positividad, negando eso, afirmo lo que quisiera hacer, parto de la rabia para encontrar la fuerza que me permita empezar una nueva película.
¿Cómo trabajás con el equipo y en particular con los actores? La
búsqueda, los ensayos, sus aportes en el rodaje.
En el elenco participan personas de la villa que son parte de mis películas desde el comienzo. Atenas fue la primera película que contó con una cantidad de recursos, si bien más que limitados por parte del INCAA, que fueron un salto cualitativo importante frente a mis anteriores películas, hechas con una cámara simple, un equipo muy reducido de personas y filmando de forma muy discontinua en el tiempo por no tener para pagarle a nadie. Acá todo fue muy distinto en algunas cosas, sobre todo de la cámara con la que se filmó y algunos equipos.
En el guion deAtenas hubo un aporte determinante de mi mamá y de las pibas para construir los personajes femeninos, mi mamá pasó algunos años en la cárcel, por lo que su mirada sobre el retorno a la sociedad fue incisiva, brindando detalles muy minúsculos, que solo puede brindar la experiencia en primera persona.
Los personajes de sectores de poder, funcionarios del estado y clases
medias altas se plantean de una forma ácida con diálogos que expresan
un gran desprecio de clase. ¿Cómo trabajaron esta caracterización?
Un poco por el cansancio de la hegemonía de la representación en el perdón que se le brinda siemprea la caracterización de los burgueses en el cine. Permanentemente se amaga a ridiculizarlos pero se los termina complejizando, y para mí esa supuesta complejización es una muestra de complicidad y “defensa de clase” como decía el italiano, crítico de arte y marxista Umberto Bárbaro. En el cine habitualmente hasta a los más garcas se los redime, tienen sentimientos profundos, aman. Ahora, la clase trabajadora, los pueblos originarios, las y los villeros, y toda minoría me atrevería a decir, allí se ridiculiza más que de lo que se complejiza, toda minoría es representada con una uniformidad de sentimientos muy obscena, cuesta y mucho encontrar lo complejo en esas caracterizaciones. O son todos violentos o son todos pacifistas. No hay in-crescendo, no hay auto reflexividad, no hay rupturas formales, muy pocas veces habita el amor en ellos. Ni hablar de cómo series y películas respaldan conscientemente los discursos más reaccionarios de la sociedad. Hay varios críticos de acá que encuentran siempre la complejidad en varios directores abiertamente de derecha, pero esos mismos después de mi cine solo han dicho “Cine social y punto”. Ese mismo criterio hegemónico persiste hasta en sectores progresistas de la crítica. Una película que denuncie algo se considera una película artísticamente menor. En cambio, la belleza nos dicen, está del lado siempre de lo atemporal, de lo apolítico, de lo abstracto, por lo tanto de la indiferencia ante el horror actual del mundo. Es cuestión de leer cualquier crítica de cine al azar que tengamos a mano, veremos que la palabra “denuncia” tiene una connotación negativa per se. Eso es pura ideología más que crítica artística.
La violencia hacia la mujer es un tema central que cruza a la
protagonista Perséfones. Explotación de clase y opresión de género son
parte de su vida. ¿Cuáles son los vínculos entre esta historia y el
momento actual de la lucha de las mujeres?
Fue muy incómodo y muy conflictivo tomar la decisión de ponerme a representar algo que conozco por verlo pero no por vivirlo, ni sufrirlo, ya que yo soy varón, si bien sufrí otras explotaciones por ser hombre y villero, no es difícil de imaginar que todo eso se multiplica si sos mujer-villera. La decisión sobre todo fue a partir de intentar cerrar la trilogía equilibrando la abrumadora presencia masculina en las películas mías anteriores y para sumar un punto de vista villero a todo el momento actual del feminismo. Poner la cámara al servicio de la mujer villera, pero a la vez me parecía muy demagógico si la película solo retraba eso, y por lo tanto verán que hay otras historias paralelas de pibes en la película, y sobre todo que hay un reverso a la moneda de la cuestión de la opresión al cubo que vive una mujer villera, en los hombres burgueses de la película, en el que como hablan de la mujer cuando están en la intimidad, la famosa cofradía de machos que se nos incorpora desde que somos niños, de aprovechar que estamos solos para liberar todo nuestro patriarca interior. En ese sentido es emblemática una escena particular de Atenas que no voy a auto-spoilear.
En los títulos finales agradecés especialmente a una serie de
cineastas, desde Rosellini, Eisenstein, Godard, Gleyzer, Varda entre
varios más. ¿Cuál es la influencia de ellos en tu cine, qué cineastas
y cómo marcaron tu camino?
Porque más allá de que lo hice como muestra de gratitud y honra a quienes me instruyeron desde sus películas, son cineastas que demostraron que forma y contenido para nada son opuestos irreconciliables, o que van por vías separadas. Por suerte tenemos muchxs directores que a lo largo del tiempo han demostrado que se pueden crear gemas desde lo formal sin despreciar la realidad más material. Expresandode manera sublime el dolor y la injusticia que carcome a la condición humana.“Reales sin ser actuales, ideales sin ser abstractos”, decía Proust.
¿Cómo ves la situación actual del cine? Las políticas del Incaa y la
nueva producción independiente.
Por un lado creo que en un momento de tanta asfixia económica, de tanta depresión colectiva, quisiera ver mucha más gente del palo filmando y activando. No puede ser que si o si se necesite del impulso monetario para crear. No puede ser que nadie se anime a filmar si no hay un salario de por medio, o si no hay un mínimo de condiciones materiales, todo el mundo aspira al modelo absolutista de cómo debe ser un rodaje, creo que hay momentos históricos donde la creatividad podría ser más combativa. Por otro lado si se cae el INCAA más allá de que se pierden cientos de puestos de trabajo, se cae quizás el motor principal para que Argentina sea la potencia cinematográfica que es, esta sociedad respira cine, nuestro cine es respetado en todo el mundo, y lo tenemos bien ganado. El INCAA hoy vive un desmantelamiento coherente con el saqueo que viven todos los recursos nacionales, pero se le suma el costado ideológico de la miseria económica, es necesario acortar la cantidad de cierto tipo preciso de producciones y contenidos, porque se sabe de antaño que el cine puede exponer lo peor de una sociedad y hacer pensar a la gente. Es un objetivo a mi entender también simbólico dejar al mejor Cine Nacional en ruinas, porque para ellos el pensamiento crítico es un obstáculo muy grande para sus planes colonialistas y nuestro cine es un emblema de ese pensamiento crítico. No es que quieren eliminar al cine, sino a cierto estilo de cine.