El PRD y sus fantasmas
Primero fue la renuncia de Agustín Basave a la máxima dirección. Previsible, tanto por la escasa votación obtenida en junio, como por la incapacidad y los obstáculos que aquél debió afrontar para lograr un armisticio duradero entre las corrientes y “tribus”.
Lejos de buscar un nuevo árbitro, el PRD optó por una salida que lo conduce a una nueva crisis interna. De su resultado poco se sabe, pero los sombríos augurios tienen bases reales en las pasadas luchas intestinas.
La asunción de Alejandra Barrales encumbró a los que apuestan a mantener la alianza con el PAN, gracias a la cual fueron socios minoritarios de varios triunfos en comicios estatales.
Sin hacerse esperar, las declaraciones del coordinador perredista en la Cámara de Senadores, Miguel Barbosa Huerta, salieron al cruce de la postura que enarbolará Barrales en cuanto a alianzas para el 2018. Barbosa dijo “cuando en el PRD se habla de un frente democrático, progresista, no puede dejar de estar López Obrador, porque Morena es una fuerza de izquierda”.
Por detrás de esta disputa está que el PRD, aún con una votación históricamente baja, puede ser definitorio hacia el 2018, y antes que eso, en el 2017, en el estratégico estado de México. Las encuestas dicen que su intención de voto sería crucial para que una alianza pueda competir con mayor seguridad y arrebatarle la presidencia al PRI. Sea sumando sus votos a los que coseche el PAN, que hoy tiene una intención de voto del 34%, o al Morena, que ocupa con 21% el tercer lugar.
Sin embargo, para llegar a ese puerto, el sol azteca tiene varios tramos de viaje sujetos a un clima tormentoso. En primer lugar, la división interna parece difícil de conciliar. Una ruptura o una diáspora debilitaría aún más a este partido incluso para ser socio minoritario -pero bien cotizado- de un acuerdo con el PAN o el Morena.
Por otra parte, más allá de las ventajas inmediatas que pueda sacar de una alianza, las perspectivas estratégicas para el sol azteca se ven más que comprometidas.
Ir con el PAN profundiza el curso de derechización signado por su ingreso al Pacto por México, y lo sepulta aún más como opción de centroizquierda válida. Ir con el Morena implica subordinarse a López Obrador y aceptar al fin su preeminencia. Habrá que ver que le arranca a cambio al tabasqueño, si el sacrificio estratégico -que es aceptar lo que ya se sabe- vale la pena.
No es una decisión sencilla. Aunque parezca que el PRD está en una posición de “fuerza” por la disposición actual de las piezas en el tablero de la política mexicana, no hay que engañarse. En su horizonte aparecen los fantasmas de nuevos cismas, y un desdibujamiento cada vez mayor.
AMLO …. recalculando
Las últimas semanas de López Obrador fueron vistas por algunos analistas como un giro de “moderación”. Ya en el mitin del pasado 26 de junio, le había “tendido la mano” a Peña Nieto, al proponerle un gobierno de transición. Luego definió explícitamente que no es partidario de la abrogación de la reforma educativa, sino de una modificación: “pedir que se derogue es la claudicación del gobierno, no nos conviene a nadie... si se le vence por completo a Peña no va a haber estabilidad, no va a haber gobierno”. En esa misma entrevista, el tabasqueño abrió la posibilidad de una alianza con el PRD, si éste se deslinda del PAN, el gobierno y el Pacto por México, modificando su tradicional postura respecto al sol azteca.
El ascenso de la alianza encabezada por el PAN en junio pasado fue una novedad evidente también para López Obrador. Si el tabasqueño esperaba ser el único que capitalizase el descontento con el gobierno de Peña Nieto, la realidad se mostró muy distinta. Para tener posibilidad de competir con el panismo, requiere atraer a su antiguo partido.
Aunque el escenario político y social sin duda puede cambiar hacia el 2018 -más aún con un gobierno tan cuestionado- AMLO sabe que hoy al menos, al Morena no le alcanza. Por eso “recalcula” y abre la puerta a una negociación con quienes identificaba con la “mafia en el poder”.
Habrá que ver que ofrece López Obrador, más aún cuando se aproximan las elecciones en el estado de México en el 2017, y en el 2018 se realizan también la elección en la ciudad de México...
A la par, ante el ascenso de la protesta magisterial y del impacto que la misma tiene sobre otros sectores obreros y populares, busca poner “paños fríos” y evitar que afecte la gobernabilidad en el país. Una muestra más de una estrategia política -que él mismo define como de resistencia civil y pacífica- centrada en reformar las instituciones del régimen y evitar que se desarrolle todo movimiento que pueda cuestionarlas frontalmente.
De la mano con la apertura hacia el PRD, el discurso apaciguador de AMLO llamando a los maestros a no afectar la gobernabilidad, es un nuevo guiño a la “clase política” y los empresarios para mostrarse como un político respetuoso de las instituciones que están al servicio de los de arriba. |