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La Izquierda Diario
27 de agosto de 2016 Twitter Faceboock

CAMBIO CLIMÁTICO
América Central y el Caribe en crisis por los desastres naturales
Darío Brenman

El medio ambiente y los fenómenos asociados al cambio climático están empeorando la vida en varios países de América Central y el Caribe.

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El medio ambiente y los fenómenos asociados al cambio climático están empeorando la vida en varios países de América Central y el Caribe. Tanto la deforestación, las altas temperaturas, una extendida sequía, sumado a las consecuencias del fenómeno de El Niño están ocasionando fuertes efectos negativos en las poblaciones y en la biodiversidad de estos países.

Esta problemática no es nueva. Hace varios años que grupos de investigadores, científicos y organismos internacionales, como la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres y la CEPAL, alertaron sobre las múltiples amenazas a las que está sometida Centroamérica a raíz de la combinación de los fenómenos ambientales históricos, producto del mal desarrollo de estos países, y a la cultura ambiental que condiciona las relaciones entre naturaleza y sociedad.

A pesar de las advertencias de los especialistas, la magnitud de la crisis en el primer cuatrimestre del 2016 pone a este continente en alerta sobre el futuro inmediato de lo que es considerada las región más vulnerables del mundo frente al cambio climático. Por ejemplo, la sequía imperante en algunos países que ya lleva tres años, implica una situación de inseguridad alimentaria a más de 3,5 millones de personas que abarca el denominado Corredor Seco Centroamericano (que comprende amplias zonas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, en la costa del océano Pacífico), y en situación de hambre a 3,6 millones de haitianos.

La falta de lluvia y los hechos vinculados a las actividades humanas como la deforestación, la destrucción de cuencas y la contaminación, pueden convertirse en un factor que agudice los conflictos sociales y económicos en el futuro cercano. Los medios de comunicación internacionales dan cuenta de una baja en la producción agroindustrial azucarera en Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá, con incidencia en los volúmenes de exportaciones. El gobierno panameño informó que por la falta de agua en los lagos artificiales que alimentan el canal, limitarían el calado de los barcos que utilizan la vía interoceánica.

Por otro lado Guatemala, entre febrero y abril perdió 450 hectáreas de bosques a raíz de los incendios forestales; en Nicaragua desaparecieron una decena de ríos que desembocaban en el lago Cocibolca, una de las más importantes reservas de agua de América Central. Y en Costa Rica, los problemas de abastecimiento de agua en Guanacaste (costa del Pacífico) y en la Gran Área Metropolitana del Valle Central, donde residen 1,3 millones de habitantes, se han exacerbado en las últimas semanas, al punto de que en un solo día han quedado sin servicio de agua hasta 500 mil personas, y se multiplican las protestas y cortes de vías por parte de organizaciones barriales, especialmente en el sur de la capital San José.

La respuesta de gobiernos y agencias internacionales frente a este drama humanitario y ambiental es claramente insuficiente. En países agobiados por la pobreza estructural y por escandalosas desigualdades socioeconómicas, que los pobres sean las primeras víctimas del cambio climático no parece preocupar a quienes, desde su despacho de lujo con aire acondicionado o viajando en sus automóviles último modelo, se deleitan con las ofertas de la sociedad de consumo mientras planean sus próximas vacaciones en un paraíso de mar, arena y sol, para sobrellevar las altas temperaturas de la estación seca.

América Central es una zona expuesta a múltiples amenazas a raíz de su ubicación geográfica y una prolongada estacionalidad ciclónica proveniente del mar Caribe y del océano Pacífico. Por otro lado desde el punto de vista geológico “su territorio y confluencia de placas tectónicas activas mantienen a la región con un nivel de alta actividad sísmica, erupciones volcánicas y amenazas de origen hidrometeorológico y otras, como los incendios forestales, pérdida de biodiversidad, algunas de ellas exacerbadas por el cambio climático”, afirma la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastres.

A esto hay que sumarle las amenazas del cambio climático. Según los estudios globales se avizora que existe una tendencia de incremento de frecuencia e intensidad de amenazas de origen meteorológico, lo cual será fuente de cada vez mayores daños.

Los desastres que pueden ocasionar los fenómenos naturales ponen en evidencia las condiciones socioeconómicas, culturales y ambientales existentes en los distintos niveles territoriales que responden a procesos sociales, económicos y ambientales, así como a los patrones o modos de producción y uso de recursos naturales. Según las últimas estadísticas realizadas en esta región, las cifras de la pobreza siguen siendo altas ya que de 11.2 millones de personas de escasos recursos que había en los años 90, en el año 2010 la cifra subió a 14.5 millones de pobres, un factor de alta vulnerabilidad frente a las diferentes amenazas.

"Centroamérica es la segunda región del mundo más vulnerable a riesgos climatológicos, después del sureste de Asia. Honduras, Myanmar y Haití han sido identificados como los países más afectados en un período de 20 años, entre 1993 y 2013, seguidos por Nicaragua, Bangladesh y Vietnam. El Salvador lideró el rango en 2009", señala Datos Índice Mundial de Riesgo Climático

Frente a esta situación la respuesta de los países en este continente ha sido dispar, Nicaragua, por ejemplo, es uno de los que más avanzó en un Sistema de Alerta Temprana para Tsunamis, que fue diseñado por el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER). En relación con El Salvador el Servicio Oceanográfico Nacional es el encargado de los estudios sobre los tsunamis y para alertar a los organismos de Protección Civil y a la población. Las áreas más expuestas son: La Unión, San Rafael de Tasajera, El Zapote, Marcelino, La Libertad, El Majahual, Acajutla, Barra de Santiago y Garita Palmera. La mayor concentración de actividades y habitantes se encuentra en La Unión, La Libertad y Acajutla, en los cuales se ubican los tres puertos más grandes de ese país.

Esta región está expuesta a innumerables fenómenos meteorológicos que abarcan desde lluvias, tormentas, avenidas o crecidas, tempestades, inundaciones, heladas, granizadas, vendavales y huracanes que provocan destrucción de viviendas, infraestructuras y equipamientos públicos y privados. Generalmente, esto trae aparejado desabastecimiento de agua para el servicio de la población, inundaciones y tormentas. Ejemplo de ello fueron las fuertes lluvias que se registraron en Panamá en 2010, que provocaron pérdidas de vidas, miles de damnificados y el cierre, histórico por ser segunda vez que sucedió, del Canal de Panamá por más de 8 horas.

Algunos estudios dan cuenta que durante el período 1980-2013 diversos vórtices ciclónicos (flujo turbulento en rotación espiral con trayectorias de corriente cerradas) o impactaron directamente, o pasaron a menos de 500 kilómetros de las costas de América Central, o causaron efectos en algún país de la región. El huracán Mitch en 1998, ha sido el ciclón tropical más poderoso por su velocidad de hasta 290 km/h.

Honduras fue uno de los países más afectados por el paso de este huracán, aunque Nicaragua, El Salvador y Guatemala, también sufrieron daños de media y alta intensidad.

Déficit agrícola productos de las sequías e inundaciones

Otro fenómeno de la región es el tema de la agricultura. La falta de agua a consecuencia de déficit de lluvias, tienen graves efectos que van desde la reducción de producción agrícola y su impacto en la seguridad alimentaria, o el insuficiente abastecimiento de agua para los servicios esenciales de la población. Más específicamente, en la región, además del daño en la agricultura, las sequías han influido en el estrés hídrico y, en el caso de la ganadería, ha influido en la deshidratación de animales y pérdida de ganado por falta de alimento y por enfermedades que se desarrollan en condiciones con bajo nivel de humedad. El Salvador y Costa Rica son los países que han presentado mayor frecuencia de eventos de sequía en las últimas décadas.

Los desastres en el sector agrícola de los países centroamericanos se producen por una serie de factores muy diversos, entre los que destacan el desbordamiento de ríos e inundaciones, por los deslizamientos y pérdida de suelos y por la contaminación de zonas costeras, entre otros. Esto afecta la producción de granos básicos, cultivos comerciales, actividades pecuarias diversas, así como la piscicultura. Adicionalmente, los desastres han ocasionado daños en caminos rurales, sistemas de riego e infraestructura productiva. Los suelos agrícolas son afectados debido a la erosión, originando en algunos casos pérdida de suelos de manera no recuperable, la destrucción de cultivos o la disminución de rendimientos. Por su parte, la producción pecuaria también experimenta efectos negativos vinculados a la muerte de ganado, daños en la infraestructura productiva, decrementos en la producción de leche, carne, huevos y otros productos pecuarios. También la pesca artesanal y comercial es afectada por los desastres debido a los daños en su infraestructura (bordos, bombas, contaminación de las piscinas piscícolas), y pérdidas de producción (biomasa) y por un menor rendimiento debido tanto a enfermedades o porque se debe recuperar la cosecha antes de que las especies alcancen su peso y maduración ideal.

Períodos más o menos prolongados de sequías, así como altas temperaturas y vientos fuertes o moderados han sido, a su vez, la causa de una gran incidencia de incendios forestales; no obstante, en este caso es importante destacar que la mayoría de los incendios son originados por acciones antrópicas.

Todo fenómeno natural tiene un impacto profundo tanto en la vida cotidiana de las personas como en la actividad económica de un país. De acuerdo a un informe de la CEPAL, muchos desastres ocasionaron pérdidas económicas, fracturas sociales por la muerte de familiares y la migración para alejarse de amenazas socioambientales y/o la pérdida de los medios de vida. Los impactos son acumulables y la frecuente sucesión de desastres provoca la pérdida de resiliencia, es decir, de capacidad para resistir o de sobreponerse ante un nuevo desastre y reduce la capacidad de las familias, de las ciudades y los países para alcanzar un mayor bienestar. Por ejemplo, sólo por citar un caso, los datos indican que en 2011 los ciclones tropicales, generaron daños y pérdidas totales en Centroamérica por 1,969 millones de dólares americanos. Los mayores costos costos recayeron sobre El Salvador con un 45.8% del total, le siguieron Nicaragua (22.6%), Guatemala (16.9%), Honduras (10.4%) y Costa Rica (4.2%). Aquí, la afectación en los sectores productivos de Centroamérica alcanzó los 600.9 millones de dólares, lo que fue equivalente al 30.5% del total de daños y pérdidas.

Daños a la infraestructura

Otras de las problemáticas acuciantes cuando sucede un evento hidrometeorolgico son los daños a la infraestructura. En ese sentido estamos hablando de carreteras, telecomunicaciones, servicios de agua y saneamiento, energía y aeropuertos. Por ejemplo, la afectación en la infraestructura debido a los ciclones generó en este continente pérdidas por 668.6 millones de dólares. En el caso de las carreteras y las telecomunicaciones, la región centroamericana muestra una infraestructura deteriorada por este evento meteorológico. Su estructura es obsoleta para afrontar, tanto el crecimiento de las actividades económicas, el demográfico o la intensidad de su uso, como la recurrencia de todo tipo de fenómenos extremos. Por su importancia, los daños y pérdidas ocasionados por un desastre tienen que ser atendidos tanto de manera preventiva (planificación, diseño e instrumentación), como en el mantenimiento rutinario de la infraestructura; sin embargo, como parece ser una constante en la región, los Estados cuentan con pocos recursos para su atención, lo cual está vinculado a una estructura impositiva que provee con recursos insuficientes las arcas gubernamentales para hacer frente a los requerimientos sociales impostergables.

Respecto a los sistemas de agua y saneamiento, los daños registrados por los fenómenos en cuestión se relacionan con la sobresaturación de los sistemas, que aunado al arrastre de sólidos, provoca una sobre presión y el colapso en puntos débiles de las redes, incrementando el riesgo sanitario de la población. La infraestructura de la red pública funciona como alcantarillado combinado (pluvial y de aguas residuales). De acuerdo con las evaluaciones de la CEPAL, “los daños que se registran en estos sistemas se pueden ubicar en un promedio de 80 % para la infraestructura de saneamiento y 20% a la de agua potable.

Consecuencias sociales

Las consecuencias sociales que producen los eventos climáticos sobre la población centroamericana son altamente dañinos. En el caso de las viviendas, agravan un problema que ya existe e incrementando el déficit que ya existe en toda esta región, sobre todo en las zonas urbanas marginales y en el medio rural. Los desastres son un factor que hace visible, en el momento de la tragedia, la vulnerabilidad económica de una parte importante de las familias centroamericanas.

Salud

En el caso del sector salud los desastres implican un incremento de la asistencia médica a la población, mediante el desplazamiento de brigadas médicas para atender a las personas enfermas en los lugares afectados, especialmente en los albergues habilitados. Este tipo de asistencias es necesario no sólo para atender a los heridos, sino también para evitar la aparición de posibles epidemias ocasionadas por la contaminación del agua, los olores de putrefacción y la falta de una alimentación adecuada que reduce la capacidad defensiva natural del organismo. Se debe resaltar que, después de un desastre las zonas afectadas son más vulnerables por la presencia de factores de riesgo para las enfermedades transmisibles que se incrementaron por las inundaciones, facilitando el aumento de las tasas de incidencia de las principales epidemias como el cólera, el dengue, la leptospirosis, las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades diarreicas agudas y la neumonía. La RRD en este caso, como en los anteriores, trae consigo efectos positivos de corto y largo plazo para los Estados y para las familias, ya que se reducen los recursos necesarios para atender la emergencia y las familias cuentan con miembros sanos capaces de alcanzar mejores condiciones de vida en el futuro.

En la historia reciente de Centroamérica, el huracán Mitch (1998) marcó un hito importante en relación con su impacto en el sector salud, especialmente generados en Honduras y Nicaragua. Por sus consecuencias, a este fenómeno se le llamó el peor desastre del siglo en Centroamérica.

Este fenómeno natural concentró en forma significativa la mayor cantidad de daños y pérdidas económicas en todos los sectores en la región, alcanzando un monto de alrededor de 6 mil millones de dólares. A las pérdidas por Mitch, le siguen en importancia las producidas por el huracán Joan en 1988, con un valor
acumulado de 1.412,7 millones de dólares americanos (10.4 % del total perdido) y las producidas por la tormenta tropical Stan en 2005, que representaron 1,361 millones de dólares americanos, equivalentes al 10% de las pérdidas totales registradas.

En Honduras el desastre dejó 5,657 personas fallecidas y un impacto severo en la infraestructura sanitaria, 23 de sus 28 hospitales con daños parciales o totales en sus sistemas de distribución de agua; quedaron seriamente dañados 123 centros de salud, de los cuales 68 no pudieron seguir funcionando.

Más allá de Mitch, un número importante de huracanes ha impactado posteriormente a la región, con saldos lamentables en pérdida de vidas, afectados y costos para el sector salud: Keith, Iris, Chantal, Michelle, Stan, Agatha, Wilma, Dean e Iván, son algunos de ellos.

Los sismos en El Salvador en enero y febrero del año 2001 marcaron el inicio del siglo XXI con nuevos impactos en término de vidas e infraestructura hospitalaria perdida, instalaciones de salud que apenas ahora, doce años después de los eventos, se están reabriendo.

La Pandemia por el virus AH1N1 en el año 2009 fue una nueva emergencia sanitaria que debieron afrontar los países a nivel global. En Centroamérica el comportamiento de la enfermedad tuvo similares características a los demás países en la región, hubo cierres parciales de establecimientos públicos, medidas de contención y cierre
de escuelas, causando pérdidas económicas significativas. El dengue también se ha convertido en amenaza para los países de la región y con grandes demandas para el sector salud tanto en servicios asistenciales, costos de abastecimiento y dotación de insumos para la atención de un gran volumen de pacientes.

Género

El efecto que los desastres tienen sobre la mujer, por lo general, es poco medido o en muchas ocasiones no se toman en cuenta. Sin embargo, es un tema transversal que tiene implicaciones sobre otros ámbitos económicos y sociales. Por ejemplo, después de un desastre resulta altamente relevante identificar el número de hogares afectados, sobre todo aquellos en situación de pobreza e indigencia, con el fin de conocer quién encabeza la familia y si esta persona fue herida o falleció como consecuencia del fenómeno, pues con ello se podrá determinar si el hogar estará en una situación de mayor dificultad para obtener el ingreso suficiente para su subsistencia.

Dicha situación será todavía más crítica para el caso de hogares pobres e indigentes que son encabezados por mujeres, ya que si falleciese no existiría adulto alguno para cuidar de los menores de edad que componen esa familia, ocasionando una ruptura en el entramado del núcleo familiar, que acercará a sus miembros a una mayor pobreza e inseguridad. Los daños y pérdidas ocasionados por la depresión tropical 12-E en el subsector género en Centroamérica fue de 7.8 millones de dólares americanos, equivalentes al 2.4% de la afectación en el total de los sectores transversales.

En la región centroamericana, en general, no existe información estadística cierta sobre el volumen, características, composición, causas y consecuencias de la migración por causas climáticas. Sin embargo, existe información de manera limitada sobre los volúmenes de los desplazamientos dentro de un mismo país, originados como consecuencia de fenómenos climáticos puntuales que por su magnitud han resultado muy relevantes y sobre el volumen de los desplazamientos causados, por ejemplo, por eventos climáticos de efectos progresivos, como el aumento en el nivel del mar o la reducción de las precipitaciones.

En el caso de los desplazamientos de carácter internacional causados por fenómenos ambientales, el único evento bien documentado, en el cual se estimó el volumen de los desplazamientos causados por un fenómeno climático, fue el huracán Mitch en 1998, el cual ocasionó el desplazamiento temporal de alrededor de 10,000 personas en El Salvador, 734,198 en Guatemala y un estimado de 13,000 en Honduras de acuerdo con un reporte del BID (1999). Desastres climáticos como el huracán Mitch, han sido asociados por diversos autores, directamente con el fenómeno de El Niño (Strahler, 2005). Estos datos pueden servir para estimar a futuro, las posibles consecuencias de este tipo de desastres, en términos de desplazamientos internacionales.

Fuentes:
Informe: Índice Mundial de Riesgo Climático
Informe CEPAL
Informe Regional del Estado de la Vulnerabilidad y Riesgos de Desastres en Centroamérica- Naciones Unidas
Informe CEPREDENAC- Centro de Coordinación para la Prevención de Desastres en América Central
Desinventar.org

 
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