Flavio Fernando Soria Ovejero ingresó a la sala del TOF pasadas las 9.30. En la audiencia número 32 del juicio por el Operativo Independencia, realizada ayer, el primer caso que se trató fue el de su padre.
Fernando Arturo Soria Ovejero tenía 35 años cuando fue secuestrado el 20 de agosto de 1975 en Santa Lucía, donde vivía junto a su esposa Elvira Roldán y un bebé, Flavio, que se acercaba a su primer año. Cerca de las 22, una patota del Ejército ingresó a su domicilio y lo secuestró en un jeep. Su esposa realizó averiguaciones en la base militar asentada en el ex Ingenio pero un militar, apodado “el Turco Julián”, negó que allí estuviese.
El 12 de septiembre, el diario La Gaceta publicó una noticia titulada “Frente a la Plaza Independencia apareció un cadáver acribillado”. Se trataba de Fernando Arturo Soria Ovejero. Su cuerpo apareció, aproximadamente a las 3 de la mañana del 11 de septiembre según el diario, frente a la Casa de gobierno con 15 impactos de bala en el cuerpo y otros dos en la cabeza. Junto al cuerpo había un volante de un denominado “Comando Armado Nacionalista”, una supuesta reivindicación del crimen.
En la Seccional 1ª de San Miguel de Tucumán, Elvira consiguió que un comisario de apellido Díaz le hizo entrega del cadáver de su marido. Allí corroboró que el cadáver tenía signos de torturas de picana eléctrica en todo el cuerpo y que, pese a haber sido acribillado a balazos, no presentaba sangre.
El velatorio fue vigilado permanentemente por personal del Ejército, apostado en la cuadra de la vivienda. “En el velorio de mi papá la casa estaba llena de gente que no era familiar, que no conocíamos”, cuenta su hijo.
Flavio también relató cómo fue secuestrado junto a su madre en febrero de 1977. “Ella trabajaba como enfermera en Monteros, dos tipos siempre la seguían”. “A mi mamá siempre la hostigaban, siempre le decían que me iban a matar a mí. Me ponían una pistola en la cabeza”, cuenta con la voz quebrada. El 6 de septiembre fueron liberados en la zona de Acheral, cerca del río. “Mi mamá se preocupaba mucho por mí, yo estaba bastante desnutrido”, agrega Flavio. En ese momento se acercaba a cumplir los tres años.
Flavio cumplió su primer año dos días antes de que su padre apareciera sin vida. En un verano, a los 12 años –“eso lo recuerdo bien”– su madre y tías le contaron la verdadera historia de su padre. A partir de allí comenzó a reconstruir una memoria nutrida de las fotografías y el recuerdo de familiares y vecinos
“Es duro”, repite en diferentes tramos de su relato incluyendo el pesar de su madre. “Fue muy duro para ella, hay cosas que con ella no hablo porque no quiero que recuerde. Son cosas que no hablo con ella porque le duele mucho.”, dice.
“A mi papá lo llevaron por la militancia que tenía en Montoneros”, dice Flavio como conclusión de una reconstrucción que no se limitó al secuestro de su padre, sino que también fue una reconstrucción de su vida. |