Reproducimos carta de Florencia, de la ciudad de San Nicolás, sobre su experiencia con el cannabis para uso medicinal, a raíz de un accidente que padeció su hermano.
Viernes 12 de agosto de 2016 13:11
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Soy Florencia Almará, nacida el 15 de enero de 1983. Soy de San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires.
Quiero contarles, aunque puede sonar extraño, que existen las almas gemelas y a mí me pasó. Se llama Abel, es un hombre que me lleva 20 años, una persona con mucho carácter. Tiene cierto aire misterioso que lo hace totalmente atractivo para hombres y mujeres, porque además es muy educado y amable. Es el hombre ideal, una persona con la que podés hablar de todo sintiéndote como si hablaras con vos misma. Y no puedo evitar mirarlo y pensar "cómo se puede amar tanto". Él es solo un hombre, él es mi hermano. Su corazón tiene dueña hace 30 años y debo reconocer que ella es un ángel.
Abel se accidentó el 10 de septiembre de 1992. Me acuerdo como si fuera en este momento; yo volvía de la escuela, iba a 4to grado, ya hace 24 años. Sucedió en lo que fue Somisa (hoy Siderar), que es una fábrica de aceros acá en San Nicolás. Se quebró la segunda y la tercera vértebra lumbar y, al no cortase, esta suerte de "cortocircuito" le provoca alodinia, que es dolor neuropático crónico, todo el tiempo. Sí, todo el tiempo. Y más o menos una o dos veces al mes sufre crisis de dolor, que al principio de estos casi 25 años eran constantes. Después de probar con tantas cosas y drogas, hoy se redujo a la medicación de un paciente con fibromialgia: pregabalina, metadona, Rivotril y así. ¡Pobre corazón!
Hace 4 años empezó a adentrarse en los caminos del neuroestimulador, que por ser de PAMI le pusieron un modelo viejo que no es recargable (o sea, necesita cambios de pila) y que para colocárselo tuvieron que abrir a mi hermano como un pez. Pero con éste anduvo bien tres meses, hasta que se descargó. Así, un año más tarde, por trámites, le pusieron otro (del mismo modelo viejo), pero este duró dos meses porque las baterías vinieron falladas. En su frustración, los dolores no perdonan y a veces se aprovechan y lo acorralan tanto a él como a quienes lo amamos, que lo vemos tan cansado de todo esto. Se darán una idea.
A principios de este año, llorando, una de tantas veces, le digo a mi esposo: "Estoy tan desesperada, no puedo hacer nada, estoy destruida, mi amor. Si pudiera dar mis piernas, mis ojos, algo y saber que se le aliviarían los dolores, lo haría...pero no puedo". Esa noche, pensando y pensando, se me vino a la cabeza la marihuana, en forma de sueño, vagamente, pensando en los enfermos de cáncer. No sé de dónde lo habré escuchado ni en qué momento. Así que me levanté, comencé a buscar en la compu y llegué al aceite de cannabis. Esperé que se hagan las 8 de la mañana y lo llamé, le comenté y llamé su atención y nos pusimos a investigar. Justo después se hizo conocido el caso de la nena, que salió en los medios, que usa el aceite que logró que le traigan de afuera y se lo cubre la mutual (como debería ser para todos).
Así que eso nos dio más impulso todavía, no podía esperar más tiempo. Fue una odisea conseguir flores para el aceite porque nunca en la vida consumimos, pero lo conseguí y no fue fácil. Se lo hice y anduvo muy bien, pero fue poca cantidad y eso nos dolió tanto, porque teniendo la solución no podemos hacerlo con libertad y no tenemos los recursos. Solo “Mamá Cultiva” y amigos que hecho a la distancia, que también están en este camino, por supuesto de manera clandestina, se han apiadado y me ayudaron de forma desinteresada, diciéndome cómo realizar el aceite o qué plantas necesitaríamos y esos datos. Pero la verdad es que uno es perseguido por una planta y hace las cosas con miedo, pero no puedo dejar que mi hermano, con el amor que le tengo, sea torturado pudiendo ayudarlo. Y el dolor no te sabe esperar.
Así que les pido a las personas que se pongan en el lugar de los hijos, padres, hermanos, esposos de alguien que está sufriendo y por favor apoyen la legalización del cannabis, para hacer la medicina natural que nos puede dar calidad y cantidad de vida.
Déjennos cultivar para hacer nuestro aceite.