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Red Internacional
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ESCUELAS. La Iglesia Católica contra la educación sexual

Fue a través de un decreto que atrasa más de cien años. La pelea por la separación de Iglesia y Estado, vigente y necesaria.

Lunes 2 de octubre de 2017

Recientemente el Monseñor Héctor Aguer, en calidad de Arzobispo de La Plata, emitió el Decreto N° 096/2017 sobre la educación en colegios católicos. El mismo, que busca ser aplicable a todos los institutos dependientes de la arquidiócesis, prohíbe la enseñanza de “teorías de género que pretenden negar las diferencias biológicas entre el varón y la mujer”. Los argumentos del clérigo no se diferencian de aquéllos que expresaban sus pares a fines del siglo XIX, cuando estaba en debate la ley 1420 –derogada en 2015 por el gobierno kirchnerista- en relación a la educación común, obligatoria y gratuita.

“En el Catecismo se encuentra también la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana y sobre la justicia social”, dictamina Aguer, quien denuncia supuestos “errores y comportamientos desordenados que se difunden en la cultura vigente”. “En lo que respecta a la Educación para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia, sígase puntualmente lo que he establecido en ‘El orden del espíritu en la sexualidad. Aportes preliminares al ordenamiento de la educación sexual en la escuela’”, concluye este histórico militante por los valores oscurantistas y reaccionarios.

La educación religiosa en las escuelas

El Arzobispo de La Plata indica que “a ningún docente le está permitido transmitir lo contrario” y que los textos impartidos deben atenerse al catecismo católico. De esta forma, llama a desconocer la ley de Educación Sexual Integral (ESI) N° 26.150, promulgada en 2006 y que rige para todas las escuelas del país, sean de gestión pública o privada.

Guillermo Romero, investigador de Conicet con una tesis sobre la aplicación de la ESI en las escuelas confesionales platenses, afirmó que prácticamente no hay docentes que adhieran a los postulados de Aguer. Sin embargo, señaló que justamente los materiales distribuidos por el Arzobispado funcionan a modo de “espejo invertido” respecto a los lineamientos de la ESI.

Los profesores realizan un reclamo desde hace más de diez años por capacitación y presupuesto, que sufre un recorte sistemático. La propia ley en su artículo 5 plantea que “la comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”, lo cual es utilizado como excusa por muchos establecimientos para no implementarla.

A esto se suman las distintas vías por las cuales la Iglesia Católica intercede en las políticas educativas. La subvención estatal a la educación privada y católica es harto conocida. Por otro lado, miembros del clero forman parte de los Consejos Consultivos, una instancia del Ministerio de Educación de la Nación en la que se debaten currículas y esquemas de enseñanza.

Los propios diseños constitucionales habilitan una intromisión de la Curia en la educación. Así lo asegura Juan Cruz Esquivel, doctor en Sociología e investigador de las áreas de “Religión y política” y “Estudios sobre laicidad” del Conicet. De acuerdo con el estudioso, en siete provincias del país las legislaciones promueven la enseñanza religiosa -ya sea de manera opcional u obligatoria-. En lugares como Chubut y Catamarca, por ejemplo, la educación religiosa está permitida aunque fuera del horario escolar. En Salta –donde el tema se encuentra en la Corte Suprema- está incluida como materia regular.

Una lucha que continúa

La Ley de Educación Sexual Integral es progresiva y necesaria. Pese a esto, su aplicación ha encontrado obstáculos tanto durante el gobierno kirchnerista como con la llegada del macrismo. Así como ocurre con el cajoneo al proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, los lazos del poder político y el Vaticano se hacen evidentes.

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La pelea por la separación de la Iglesia y el Estado, que afecta la vida y la salud de millones de mujeres, sigue vigente. La consigna “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” sólo puede conquistarse en las calles.