Una de las empresas más grandes del país está en el centro de un escándalo: durante la gestión macrista se endeudó con el Nación por 350 millones de dólares, nunca pagó y se declaró en default. Pero además financió la campaña de Cambiemos.
Viernes 24 de enero de 2020 14:39
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En los últimos días se conoció el escandoloso caso de Vicentín, el holding de las familias Padoan y Nardelli. La empresa que industrializa y exporta cereales, hoy una de las más grandes del país, entró en cesación de pagos. Dice que no puede pagar sus deudas. Pero al conocer un poco más el caso, nos encontramos con un caso de negocios y favores políticos que se empieza a convertir en un escándalo.
El primer dato que sorprendió es el tamaño de la deuda de la empresa y en particular con los bancos oficiales. Más de mil millones de dólares de deuda total. Esto a pesar de que en los últimos años había aumentado su facturación hasta convertirse en una de las 6 empresas más grandes del país y el 83% de su facturación es en dólares.
El segundo dato clave son los acreedores de la empresa, o sea quiénes le prestaron la plata. El principal es el Banco Nación, dirigido por el gobierno nacional. Vicentín acumuló compromisos por unos 350 millones de dólares. Ese número que supera largamente los límites que establece la normativa bancaria, ya que significa más del 20% del patrimonio de la entidad oficial.
El tercero es el motivo de los prestamos: la prefinanciación de exportaciones. O sea, la empresa usaba el adelanto en dólares para financiar sus operaciones hasta que cobraba las exportaciones. Sin embargo, en un momento dejó de pagar los préstamos, se quedó con los adelantos... y también con lo que cobraba después.
Mientras empujaban a millones a la pobreza, dejaban sin trabajo a cientos de miles, metían tarifazos impagables y pulverizan salarios y jubilaciones le prestaban 18 mil millones de pesos a su amigo vicentín. Siempre vivieron a costa del estado. #RoboMacristaAlBancoNacion
— Nicolas del Caño (@NicolasdelCano) January 23, 2020
El cuarto hecho es la actuación de la directiva del Banco Nación, que le siguió dando préstamos a pesar de que no los devolvía. Vicentín estaba en categoría 1 como deudor, es decir que, aunque estaba incumpliendo sus pagos era considerada una empresa normal. Las nuevas autoridades la pasaron a categoría 4, que tiene alta probabilidad de incobrabilidad. Gran parte de esa responsabilidad correspondería a la gestión del funcionario macrista Javier González Fraga al frente del Banco.
El quinto es el cruce de estos escandalosos favores con un dato que se conoció durante la campaña presidencial: Vicentín fue uno de los principales aportantes a la fórmula Macri-Pichetto. De acuerdo a los registros de las PASO (todavía no se conocen los de la elección general), Vicentín aportó a través de Algodonera Avellaneda, FRIAR S.A y Oleaginosa San Lorenzo un total de $13.500.000.
Vicentín no fue la única exportadora de cereales que aportó a la campaña macrista. También lo hizo General Deheza, propiedad del ex diputado kirchnerista Roberto Urquía.
Esta semana el tema tomó repercusión pública. Las nuevas autoridades del Banco Nación, elegidas por Alberto Fernández, dijeron que van a discutir con la empresa un “plan de pagos”. González Fraga, a pesar de las evidencias (o quizás justamente por ellas), se llamó a silencio. Desde la empresa aseguraron que “la deuda no viene solamente de la gestión del gobierno anterior, sino que una parte es previa, durante la administración de Cristina Kirchner”.
Lo cierto es que estamos ante una fenomenal maniobra empresaria en perjuicio de los fondos públicos, garantizada en principio por funcionarios del macrismo (aunque podría alcanzar otras gestiones). Pero también ante una revelación de cómo funciona el sistema capitalista: los bancos financian a las grandes empresas con el ahorro popular y los fondos públicos, para que estas terminen realizando maniobras que estafan al Estado e incluso ponen en riesgo miles de puestos de trabajo.
Mientras una exportadora de alimentos se quedan con los ahorros nacionales y fugan millones, en la Argentina hay un 35% de pobres.
No hay “plan de pagos” ni “negociación” que pueda terminar con esos robos y privilegios que llevan adelante los grandes empresarios. La única forma de "cobrar la deuda" y terminar con estas estafas es expropiar a Vicentín y las grandes exportadoras, para nacionalizarlas bajo administración obrera.
De la misma manera el caso Vicentín abre el debate sobre los negocios detrás de las exportaciones, hoy en manos de un puñado de pulpos que se reparte y “controlan” a sí mismos. 200 empresas que integran la cúpula económica concentran casi el 70 % de las exportaciones. Como plantea el Frente de Izquierda, hay que nacionalizar el comercio exterior. Que todos los exportadores entreguen lo que se va a exportar a una institución creada por el Estado, que este sea quien realice las operaciones y luego administre los dólares provenientes de las mismas. Esa medida impediría la fuga de capitales, el fraude fiscal y otras maniobras capitalistas. Además permitiría administrar esas divisas en función de las necesidades del pueblo trabajador.
El sistema bancario tampoco puede estar al servicio de financiar a las grandes empresas, en casos como el de Vicentín avalando además los fraudes. Un sistema bancario estatal único podría garantizar los depósitos de los pequeños ahorristas y concentrarlos para una inversión dirigida a paliar las más acuciantes necesidades del pueblo trabajador, y no las de los empresarios amigos del gobierno.
Ese es el único programa realista para terminar con la estafa capitalistas contra las necesidades populares y el ahorro nacional.