En la mañana del 19 de junio de 1982, el buque británico Canberra arribó al muelle Almirante Storni de Puerto Madryn con más de 4.100 soldados que volvían de la guerra. Fue “el día en que Madryn se quedó sin pan”. Conversamos con el historiador e investigador Gastón Ballesteros a propósito de este suceso que acompañó el regreso de la guerra de Malvinas a Puerto Madryn.
Lunes 19 de junio de 2023 00:08
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Foto: Marcelo Cerezo.
En la mañana del 19 de junio de 1982, el buque británico Canberra arribó al muelle Almirante Storni de Puerto Madryn con más de 4.100 soldados que volvían de la guerra. Las autoridades militares de la ciudad no habían dado aviso alguno a la población, que al ver el gran operativo desplegado en toda la zona en un radio de tres kilómetros no tardó en averiguar que volvían “los muchachos de Malvinas”. A pesar del intento de ocultamiento y de la imposición de silencio por parte del gobierno de facto presidido por Leopoldo Galtieri, los madrynenses, alrededor de 20 mil habitantes había en la ciudad en ese momento, les dieron una conmovedora bienvenida y protagonizaron la jornada conocida como “el día que Madryn se quedó sin pan”. Para el historiador y escritor argentino Federico Lorenz fue muy importante esa bienvenida en Madryn porque “marcó una diferencia entre el proceso de desmalvinización estatal y la actitud popular hacia los excombatientes”. Conversamos con el historiador Gastón Ballesteros a propósito de este suceso, que acompañó el regreso de la guerra de Malvinas a Puerto Madryn.
En el último tiempo el campo de estudios sobre Malvinas se ha ampliado. ¿Cómo llegas a interesarte por el tema?
Gastón Ballesteros: Desde muy pequeño me interesó la cuestión Malvinas. Recuerdo cuando trabajaba de recolector de residuos en Manliba, hace ya muchos años, que pude hablar con algunos muchachos que entraron en combate. Era el año 1995 y no querían hablar demasiado, se sentía que ocultaban su actuación en las islas, nunca profundicé en mis preguntas. Cuando estudiaba en el profesorado de Adrogué, me ponía a hablar con los Veteranos de la Guerra de Malvinas (VGM) que vendían golosinas en el ferrocarril Roca. Los veía casi semanalmente, pudimos compartir algunas cervezas en la estación de Temperley o Lanús. Su situación era de indefensión total, sin laburo, sin protección médica; el Estado y las FF.AA los habían abandonado. Recuerdo en especial a Ricardo Rojas, tirador de MAG del BIM 5, espero se encuentre bien y poder verlo y abrazarlo algún día. Me ayudó en un trabajo del profesorado, lo recuerdo con mucho cariño. Sin saberlo estaba haciendo historia oral, en la calle como recolector, y luego como cartero pude adquirir herramientas que me sirvieron para mi labor como trabajador docente que busca “malvinizar” en las aulas.
El historiador Federico Lorenz sostiene que hay una mirada dominante sobre la guerra y Malvinas que llama “porteñocentrismo”, que también se refleja en otros abordajes históricos. ¿Te parece que es así?
GB: Con Federico tengo una relación particular, no lo conozco personalmente, pero he leído casi toda su bibliografía. ¡Es como si lo conociera de toda la vida! Claro que adhiero a su visión historiográfica, acuerdo con esta cuestión de producciones académicas unitarias. Claramente sus escritos como “La llamada”, “Unas islas demasiado famosas”, “Postales de Malvinas”, o “La Balada de Jimmy Cross”, nos invitan a ver Malvinas en clave histórica .Con una mirada holística, no solamente desde la guerra, sino como una historia de cinco siglos, que se inicia en la disputa colonial en el siglo XV. Desde allí existen posibilidades de obtener una lectura geográfica, económica y social, una zona en disputa imperialista, y es allí donde está implicado nuestro litoral costero patagónico. Por otro lado, en los últimos años ha surgido la necesidad de revisitar Malvinas en sentido local, con producciones propias de investigadores patagónicos.
También es necesario realizar una labor a nivel educativo. La mayoría de las bibliotecas en el nivel secundario están equipadas con libros de textos porteños o bonaerenses. Los compañeros trabajadores/as docentes tenemos que realizar la transposición didáctica y acoplar estos contenidos a nuestra realidad que atiende a cuestiones muy diversas y complejas en la provincia de Chubut.
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A nivel regional, en el caso de la Patagonia y en ciudades con bases militares como Trelew, Comodoro Rivadavia o Río Gallegos el conflicto bélico se vivió de manera muy particular, teniendo en cuenta la proximidad con las Islas y los antecedentes en relación a las disputas con Chile. En este sentido ¿Qué aspectos destacarías sobre cómo se vivió conflicto, ¿Qué experiencias significativas se vivieron? ¿Qué actores jugaron un rol destacado?
GB: La cercanía al teatro de operaciones hizo que los habitantes de las ciudades patagónicas costeras vivieran en tensión constante por la amenaza de bombardeos por parte de los británicos. En las investigaciones que estoy encarando trato de dejar de lado una narrativa épica guerrera, en ese sentido, me centro en la posibilidad de indagar los efectos sociales que produjo el conflicto en el centro costero de la Patagonia argentina. Lugar desde donde se estableció el trampolín logístico para el traslado de tropas y vituallas hacia las islas, luego de comenzado los combates, los heridos regresaron al continente. Creo que existe la posibilidad de darle sentido a la guerra de Malvinas abrevando en los testimonios orales, prestarnos a la escucha de protagonistas locales (fundamentalmente los pobladores comunes) que tienen historias para compartir, y un marco social de memoria propicio para la escucha. Dentro de cada testimonio hay una vivencia, como así también una “verdad” o “verdades” para contar. En la Patagonia el conflicto no se vivió con el triunfalismo que hubo en el “norte”. Insisto, la cercanía al TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur) y al TOS (Teatro de Operaciones del Sur), hizo que las ciudades costeras estuvieran directamente dentro del escenario de batalla. La población vivía en un estado de alerta permanente, programas de oscurecimiento y una suerte de estado de sitio con restricciones para circular conformaron el clima de época. La situación se volvió más crítica cuando comenzaron a venir los primeros heridos y fallecidos al hospital de Comodoro Rivadavia. El protagonismo de haber vivido ese momento único e irrepetible potencia el sentido de haber contribuido a la paz en la subjetivación personal. Pues los pobladores de Puerto Madryn y los miles de soldados que desembarcaron ese 19 de junio de 1982, tuvieron la certeza que la guerra había terminado cuando pisaron suelo madrynense. Y con ella la impronta destructiva que la caracterizó.
Contanos de qué se trata el proyecto de investigación que estás encarando, respecto “al día que Madryn se quedó sin pan”.
GB: Aún no he podido cerrar el proceso de investigación, en ese tránsito me he encontrado con compañeros y compañeras muy valiosos, cada uno de ellos me ha dejado aprendizajes. Mónica Gatica y Gonzalo Pérez Alvarez me acompañan y aconsejan en el armado general; Paula Brain corrige los textos de los diversos seminarios que he cursado, mi compañera Alejandra Barrientos revisa las cuestiones sintácticas. Aquí en esta universidad [Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco] somos un grupo muy unido y eso me llena de satisfacción. He formulado preguntas con aportes de trabajadores docentes que generosamente me han cedido sus escritos, como Pablo Pozzi, Alejandro Simonoff, Cora Gamarnik, Andrea Andújar y Sofia Vassallo. Como diría Pozzi “tengo indicios, aún no pruebas” que el día que Madryn se quedó sin pan fue una jornada de solidaridad y resistencia, quizás las dos a la vez; simultáneamente, según desde donde se lo interprete. Lo que puedo puede decir es que es una construcción posterior a los hechos.
Pude investigar en la prensa local de los años ‘80 y ‘90 y principios de 2000, pero no se hace referencia al tema. Se establece una suerte de memoria subterránea que emerge a la superficie con la aparición de las fotos de Mabel Outeda en el año 2012. En la vida de la fotógrafa podemos tener datos que nos lleven a nuevas preguntas. El caso de Mabel es emblemático, pues su trabajo fotográfico estaba presente en una importante cantidad de hogares madrynenses de la época. No solo por su responsabilidad en el periódico semanal Impacto, en el cual hacía labores de maquetado y edición. Tenía un local de fotografía en la calle Mitre 555, a pocas cuadras del centro de la ciudad. El valor cultural de la fotografía para una pequeña ciudad como Puerto Madryn permite que la fugacidad de un momento quede plasmada por mucho tiempo en un papel, en ese sentido la naturaleza que percibe la cámara no es la misma que percibe el ojo. El corte, la capacidad de aislar “el momento”, la ampliación, la reducción de una toma en la pericia de una persona, no cualquier persona, una mujer, en un mundo casi exclusivamente de hombres. Mabel desde finales de la década del ‘70 y una importante porción de los ‘80 fue la fotógrafa de la ciudad con su particular forma de replicar la realidad en sus máquinas Kodak, con mirada de mujer. Lo último que estoy estudiando son las “memorias femeninas de guerra”, un campo poco explorado que puede revelarse como muy rico y reivindicador de la tarea de las enfermeras, madres hermanas y esposas de los héroes de Malvinas
Próximamente, el 19 de junio se celebrarán los 41 años del retorno de los soldados a Puerto Madryn, ¿qué nos podés contar sobre el tema?
GB: El aparato celebrativo municipal, el centro de Veteranos de Puerto Madryn y la Peña Patagónica Granate Luis Zubeldia, junto con otras entidades organizamos una serie de eventos para conmemorar la llegada de los héroes de Malvinas a nuestra ciudad. Estaremos inaugurando el mural “Resistencia y solidaridad” en honor a Mabel Outeda. Ella se enfrentó al cerco militar y sacó las fotos de aquel 19 de julio de 1982, luego se dedicó a copiar números de teléfonos para llamar a los familiares de los muchachos. Posteriormente se hará una conmemoración con autoridades nacionales y provinciales y la organización de una charlas de especialistas en Malvinas en un bello lugar que es el Ecocentro frente a las aguas del Golfo Nuevo. Habrá también una cocina de campaña (igual a la utilizada en la guerra) y se servirá mate cocido con pan, a modo simbólico, entre todos los presentes.
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Ariel Iglesias
Nació en Buenos Aires en 1969. Es docente (jubilado). Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Escribió en Ideas de Izquierda "La Educación en el país de los soviets"; "Chubut: Crónica de un triunfo popular contra la Megaminería". Escribe y edita La Izquierda Diario+ en Chubut.