La organización en nuestro país del XI Campeonato Mundial de 1978 y el triunfo del equipo argentino, fueron utilizados para ganar popularidad e intentar limpiar la imagen de la dictadura genocida.
Viernes 23 de marzo de 2018
La ciudad se sumó a la “fiesta del balompié mundial”(*)
Al acercarse la fecha para la realización del evento mayor del fútbol mundial, en Rosario, al margen de la remodelación por parte del EAM 78 del estadio de Rosario Central, que pasaría a ser conocido popularmente como el “Gigante de Arroyito”, las autoridades municipales y provinciales también encararon varias obras.
Mientras la “plata dulce” fluía desde las arcas del Estado nacional para la construcción de obras faraónicas, la ciudad del río, vivió una auténtica fiebre de inauguraciones que recibieron el caluroso aplauso de los llamados sectores “representativos”; los accesos a la ciudad, el Centro de Prensa en la Plaza Pinasco, la ampliación de avenidas y bulevares, la autopista Rosario-San Nicolás y el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez, entre las más importantes.
En ese período la Municipalidad acuñó el slogan “Rosario: Ciudad limpia, ciudad sana, ciudad culta”. La imagen que pretendía construir el intendente de facto Cristiani era la cara visible y legal del terror impuesto sobre la sociedad desde marzo de 1976.
El Mundial 78 abrió a Rosario al escenario internacional. Las autoridades municipales se propusieron exhibir a la ciudad provinciana y “fenicia” como una urbe cosmopolita y esto requería no sólo una imagen de ciudad moderna, sino además la demostración contundente del orden y disciplina que se había impuesto a la sociedad.
(...) Como hemos comentado se debía proporcionar un espacio adecuado para el funcionamiento de un Centro de Prensa. En la ciudad no existía un ámbito que reuniera los requisitos exigidos por la FIFA, para el desarrollo de la labor periodística. El Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78), dependiente de la Presidencia de la Nación, dispuso entonces la construcción de un edificio cuyo diseño e infraestructura se adaptaran a las necesidades específicas.
(...) Esta iniciativa fue respaldada por el intendente (desde 1976 hasta 1981) Capitán de Navío (RE) Augusto Félix Cristiani, quien mediante el Decreto Nº 4660 del 16/09/1977, designaría al Centro Cultural con el nombre de “Bernardino Rivadavia”.
(...) Se cedió el tercer piso para la emisora LT2, intervenida por el Ejército, y un sector del Hall de ingreso para Aerolíneas Argentinas, dependiente de la Fuerza Aérea.
En esas semanas se publicó la “Guía de Rosario” para recibir a los turistas a “pura fiesta”. Muchas empresas, profesionales, comercios, contribuyeron con publicidad.
La pelota empezó a rodar
En Buenos Aires, en la ceremonia de la inauguración del evento mundial, en el estadio Monumental de River, al son de una marcha militar, el genocida general Videla condecoró al presidente de la FIFA, el brasileño Havelange. A pocas cuadras, estaba en pleno funcionamiento el centro de exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y los aviones despegaban para arrojar a cientos de detenidos vivos al mar.
La Argentina debutó en el Mundial con el apoyo de la prensa y de los hinchas. Las dos victorias ante Hungría y Francia y la caída frente a Italia le impidieron a la Selección de Menotti ganar su grupo y seguir en Buenos Aires. La consecuencia de la derrota ante los italianos, obligó a la mudanza a Rosario.
La ciudad, que ya había vivido intensamente la primera ronda, considerándose como la principal subsede, recibió con entusiasmo desbordante a la selección nacional conducido por un hijo dilecto de la aldea como es César L. Menotti.
El estadio mundialista tuvo un lleno total cuando comenzó la segunda ronda con un triunfo ante Polonia. Periodistas deportivos rosarinos recuerdan que el técnico rival, Jacek Gmoch, denunció un arreglo para favorecer al seleccionado local.
La sospecha más fuerte, de todos modos, siempre estuvo asociada al partido más comentado de aquel Mundial, el más polémico y cuestionado de todos en cuanto a su desarrollo. El 21 de junio de 1978, el conjunto nacional venció 6-0 a Perú, aunque necesitaba cuatro goles para acceder a la final frente a Holanda.
Ver: Plantel Argentina vs Perú Mundial 78
Todo comenzó a las 19.15. El estadio de Rosario Central estaba desbordado de gente. Algunos veteranos periodistas rosarinos que recorrían los pasillos del estadio aquella noche recuerdan que minutos antes de empezar el partido el gral. Videla y el por entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, visitaron el vestuario argentino para desear algo más que éxitos, y luego se dirigieron al de Perú.
Estadio de Rosario Central. El "Gigante de Arroyito"
Otros describieron la singular visita a los rivales “El presidente de facto estaba serio. Observaba, sonreía, con su gesto imperturbable y feroz. Habló. Instó a la unidad latinoamericana. Deseó lo mejor. Todos escucharon. La mirada filosa de Videla tenía impresa su condición de impiadoso. En aquella oportunidad Videla cerró su inolvidable discurso en el vestuario peruano con la siguiente frase: ’Latinoamérica los está observando’". "Fue un momento terrible”, coincidieron la mayoría de los futbolistas peruanos, cuando ya se pudieron referir al tema, años más tarde”.
Videla visita el vestuario peruano
Después, sólo después de la gloria deportiva, del festejo por el primer título mundial, del paso del tiempo, de los laureles, llegaron los cuestionamientos. Y entonces, también, surgieron los testimonios y las historias ocultas.
Entre tantas versiones que refieren a arreglos espurios hay una que sostiene un acuerdo entre las dictaduras militares de ambos países. La sospecha estuvo vinculada con la donación de centenares o miles de toneladas de trigo, en concepto de ayuda alimentaria. La cifra osciló entre 250 a 4.000, según la fuente que se consulte. La descripción del hecho, sin embargo, no varía demasiado.
Juan Alemann, secretario de Hacienda en tiempos de la dictadura, reconoció: “Ese tipo de donaciones no eran espontáneas. Se hacían sólo en caso de un terremoto o de alguna catástrofe”. Ninguna de esas situaciones extremas había pasado en el Perú de fines de los años setenta.
Otra versión, jamás confirmada, decía que el gobierno argentino había repartido 250 mil dólares entre algunos jugadores y dirigentes peruanos para evitar molestias.
Cuenta el periodista Oscar Barnade, una anécdota que ocurrió en Rosario, “El día previo al partido de las mil sospechas, Radulfo Manzo, zaguero de la selección, escuchó, a través del teléfono, en la habitación de la concentración peruana, una voz de la que sólo identificó un inequívoco acento argentino. El defensor, que luego jugó un puñado de encuentros en la Primera de Vélez, comentó que aquella explosiva denuncia de soborno que formuló en 1979 fue “un desahogo a medias”.
“Lo que pasó –cuenta Manso- es que antes del partido con Argentina atendí un llamado telefónico en mi pieza de la concentración. La voz, que tenía acento argentino y me trataba de manera peyorativa, discriminatoria y racista, me dijo de muy mala manera que les comunicara a mis compañeros que nos pagarían 50 mil dólares a cada uno si permitíamos la clasificación de Argentina. Me dio mucho miedo, porque yo en ese momento era un muchachito y me sentí muy mal. Se lo conté a un compañero y estoy seguro de que si se lo hubiera dicho al resto, todos me habrían dicho que no aceptaban”.
Tapa de Clarín del 22 de junio de 1978
Manzo contó ese hecho entre sus compañeros del club de Liniers, y adoptó carácter público a través de un colaborador de Vélez en aquellos días, el ex boxeador, campeón argentino y sudamericano de los medianos, Jorge Fernández. Sus compañeros siempre cuestionaron a Manzo porque aquel episodio salió a la luz. Y lo descalificaron por tal motivo. A consecuencia de esta infidencia en la AFA se produjo un gran malestar. El peruano estuvo a punto de ser expulsado. Y hubo una denuncia criminal en su contra. Finalmente, ante más de cien personas, entre periodistas, dirigentes y curiosos, Manzo firmó una nota mediante la cual rectificaba sus dichos.
Brasil le había ganado 3-1 a Polonia unas horas antes y la Argentina jugó por la noche sabiendo cuántos goles necesitaba para llegar a la final. Perú fue, sin vueltas, un desastre, algo apropiado a las necesidades de la Argentina.
“El técnico de los peruanos, Marcos Calderón, quien no podía manejar la interna de un plantel dividido, sorprendió a todos al incluir a Manzo y a José Velásquez, lesionados, y al arquero Ramón Chupete Quiroga, cuestionado por sus compañeros, porque, al cabo, era argentino. Al minuto de juego, Juan José Muñante pegó un tiro en un palo del arco que defendía Fillol. A la distancia quedó apenas como un detalle decorativo". Lo que vino después fue la peor actuación peruana de la que se tenga memoria. “Es probable que alguno de mis compañeros haya aceptado semejante cosa. A mí no me consta, pero no pongo las manos en el fuego por nadie. Igual me permito ponerlo muy en duda. A ese partido llegamos con el desgaste del esfuerzo que hicimos en la primera rueda, en la que les ganamos a Escocia y a Irán y empatamos con Holanda. ¿O fue casual que después perdiéramos con Polonia, Brasil y Argentina? Estoy convencido de que perdimos de manera limpia. Con mi experiencia, yo me habría dado cuenta si alguno de mis compañeros no ponía todo para ganar", señaló el defensor y símbolo Héctor Chumpitaz. La gigante mano del soborno, cuanto menos, había dejado ver su silueta.
“No me vendí. Sólo fue mi noche más negra”, responde Quiroga cada vez que le preguntan sobre el tema. El arquero había nacido en Rosario y su veloz nacionalización para jugar en la Selección peruana la había gestionado y conseguido el hijo del presidente, quien llevaba el mismo nombre que su padre: Francisco Morales Bermúdez. Incluso en 2005, veintisiete años después, Quiroga repitió su inocencia. Nunca volvieron a convertirle seis goles en un partido.
“La presencia de Videla en nuestro vestuario fue terrible”, declaró Juan Carlos Oblitas, uno de los líderes de la selección peruana, al recordar un episodio que pocos conocen, en los minutos previos al polémico 6-0 que clasificó a Argentina a la final. “Algunos más jóvenes, que pudieron haberse sentido intimidados, dejaron de cambiarse para escucharlo. Pero yo, que tenía más experiencia, seguí en lo mío. Seguí detrás de una pared y apenas lo oía hablar. No quería que nada interrumpiera mi concentración”.
El zaguero Héctor Chumpitaz, otro histórico de la selección peruana, admite que “nos sorprendimos cuando nos dijeron que nos iba a hablar Videla. Se paró frente a nosotros y nos dio un discurso en el que llamaba a la hermandad latinoamericana y nos deseaba suerte. Yo me lo tomé como una presión, aunque después de lo que nos habían dicho los organismos de derechos humanos, Videla aparecía como un personaje que nos daba un poco de miedo”.
Barnade, insiste en la estrecha vinculación entre los hombres de la dictadura, el cuerpo técnico de la selección y los jugadores, no solo en Buenos Aires, sino durante su estadía en Rosario, cuando escribió “Los militares argentinos –especialmente Eduardo Massera y Leopoldo Galtieri– fueron más de una vez a la concentración y los vestuarios argentinos, sobre todo a partir de la segunda fase, en Rosario. Incluso quienes vivieron esa intimidad cuentan que tenían línea directa con Menotti”. “Nos hablaban de nuestras virtudes y de que representábamos a la patria. Para Kempes, según contó una vez, los militares acercaban a los jugadores la toalla, el jabón y hasta alguna copita extra de vino en las comidas. Como si fueran los cadetes”.
“Los militares estaban impulsados por su voluntad de quedarse para siempre en el poder, querían meter la cola para sacar ventajas de un equipo de fútbol, para utilizarlo como distracción, como medio para otros objetivos, para el horror”, señaló Osvaldo Ardiles, en 2003, cuando el volante derecho de aquella Selección Nacional era técnico de Racing”.
Rosario fue testigo del partido más comentado de todos los mundiales y de ese del 78, tal vez más que la propia final donde Argentina se consagró campeón del mundial, al vencer al seleccionado de Holanda.
Los amantes del fútbol que concurrieron aquella noche de la goleada a Perú, lo recuerdan como un partido atípico, bochornoso, lleno de incógnitas para algunos y para otros no.
Buena parte de Rosario vivió esa noche una borrachera de alegría, los hinchas no pensaban en esas horas en soborno, solo les importaba gritar los goles, tocar bocinas por las calles y colmar las zonas aledañas del Monumento a la bandera.
Periodistas colaboracionistas
Hubo durante la dictadura y en esos días un rol colaboracionista de muchos medios de prensa y de periodistas. En Rosario, se vivió esa situación, y son muchos los ejemplos, uno de ellos es el del periodista Evaristo Giordano Monti, quien en su columna “Imágenes deportivas”, en el diario La Capital, publicó una nota de opinión del genocida Galtieri: “Las Fuerzas Armadas no ocuparon el poder para mandar, sino para gobernar, y la función del gobierno implica la visualización de todo el acontecer nacional. ¿Qué imagen daremos a mediados de 1978? Dos años atrás, nadie arriesgaba un pronóstico favorable a la Argentina para el Mundial. ¿Cómo íbamos a desembarazarnos del azote subversivo? En círculos internacionales se expuso el peligro que entrañaba la furia subversiva. Hoy ese tema ha sido sepultado. Hemos entendido el Mundial como la demostración de encarar una gigantesca obra en lo material y en lo espiritual", escribió alguien en nombre del general. "¿De qué valdría tanto costo y tanto ardor si mil periodistas y cincuenta mil turistas se llevan una impresión negativa? Tal vez sea un exceso de prevención, pero sospechamos que no faltan quienes piensen que el Mundial será un breve período apto para enriquecerse. En mi carácter de comandante del II Cuerpo y como un argentino más, interpretando el sentimiento y vocación argentinista de mis subordinados, me permito exhortar a todos los hombres y mujeres de mi jurisdicción a crear conciencia, disuadir a los desaprensivos, fortalecer la fe en la nación, sentir con profunda espiritualidad que esta ocasión es propicia para mostrarnos como somos realmente y no como pueden deformarnos pequeños ambiciosos. Miles de periodistas divulgaron la buena noticia: los argentinos son los de siempre y toda infiltración espuria está desterrada”, remataba Galtieri.
Monti comentaba que “esta página recoge con especial orgullo el mensaje de Galtieri, agradeciendo su cortesía. No sólo el trabajo del alto jefe militar nos honra, sino que hará escuela”.
Tapa de la revista Gente
Algunos periodistas extranjeros se hicieron eco de las denuncias de los familiares de desaparecidos, de la represión que se vivía, y enviaron notas a sus países y fue una manera de denunciar lo que sucedía. En la ciudad y entre los investigadores de lo sucedido en esos días se comenta que en Rosario un periodista cuyas crónicas según el gobierno “deformaban la realidad de la Argentina”, le presentaron una guía para realizar sus actividades. Durante los varios días que duró su estadía, la señorita pasó de guía a amante, y una noche cuando se quedó dormido, la acompañante en cuestión se llevó su credencial como periodista acreditado, sin la cual no pudo seguir trabajando y debió volver a su país, sin poder seguir recibiendo denuncias.
Versiones de todos los colores
Un exsenador peruano, Genaro Ledesma Izquieta, sobreviviente del Plan Cóndor, declaró ante el juez federal Norberto Oyarbide, que las dictaduras militares de ambos países negociaron la liberación de 13 peruanos a cambio del resultado de aquel partido en el Mundial.
Los ciudadanos peruanos deportados ese año de forma ilegal por la dictadura de ese país tenían por destino ser desaparecidos en uno de los vuelos de la muerte. Su derrotero ilegal en el país, sumado a la presión internacional, habrían motivado un acuerdo para su expulsión de la Argentina, que tuvo como moneda de cambio el resultado de ese encuentro".
El periodista argentino Ricardo Gotta, publicó en 2008 el libro Fuimos campeones, y no tiene dudas del arreglo. Su testimonio encaja con lo declarado por el exsenador peruano. "Logré reunir en el libro una decena de evidencias contundentes que apuntan a que hubo una operación que instaló dos escenarios: uno de miedo, de coerción. Y otro de corrupción, de soborno, al menos sobre algunos de los miembros de la selección de Perú”.
(...) Otro que ha seguido el tema al detalle es el periodista Ezequiel Fernández Moore, quien en una nota a fines de diciembre de 2007, escribió lo mismo: ese partido no fue normal. “Todavía tengo fresca la imagen de Juan Carlos Oblitas, otro integrante de aquella selección peruana, cuando le pregunté por ese partido en la tribuna de prensa del Estadio Azteca, el día de la inauguración del Mundial de México 86. ‘Ese partido no fue normal, en ese partido hubo cosas raras’, concedió Oblitas”.
Juan Carlos Oblitas
Otra versión, en este caso de Fernando Rodríguez Mondragón, hijo de Gilberto Rodríguez Orejuela y sobrino de Miguel Rodríguez Orejuela, capos del Cartel de Cali, publicó hace unos años un libro en que aseguró que esa organización narco aportó dinero para sobornar a Perú.
(...) ¿Argentina podría haber usado dinero del narcotráfico, vía Colombia, para sobornar a los jugadores? Según el periodista Gonzalo Guillén, en una nota publicada en el Miami Herald en diciembre de 2007, “estudiosos de la evolución del narcotráfico colombiano, célebre siempre por su afición al fútbol, consideran que el memorable triunfo de 1978 le abrió las puertas de Argentina a los capitales de la cocaína colombiana y debido a ello, por ejemplo, familias de mafiosos muertos han podido huir, establecerse en ese país y asumir el control de fortunas que llevaban años allá cuando ellos llegaron. Una de ellas es la de Pablo Escobar, cuya esposa y sus dos hijos se establecieron en Buenos Aires después de que el capo murió en un enfrentamiento con las autoridades en Medellín en diciembre de 1993”.
(*) Esta nota forma parte del libro Cultura y Dictadura en Rosario: 1976-1983, de Leonidas Ceruti, publicado por la Biblioteca “Pocho” Lepratti.