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Francia. Se extiende y radicaliza la huelga en Francia tras el anuncio de la reforma jubilatoria

Francia amaneció este jueves con bloqueos, piquetes y la extensión de la huelga a nuevos sectores tras el anuncio formal del proyecto de reforma jubilatoria del Gobierno de Macron.

Juan Andrés Gallardo

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1

Jueves 12 de diciembre de 2019 15:30

En el octavo día seguido de huelga, varios sindicatos franceses llamaron este jueves a redoblar la protesta contra la reforma del sistema de jubilaciones y advirtieron que "no habrá tregua de Navidad", subiendo la apuesta en su enfrentamiento con el presidente Emmanuel Macron.

Varias ciudades del país amanecieron con piquetes en las terminales de transporte, y la extensión de la huelga a los puertos y toda la red ferroviaria. La Policía reprimió a los manifestantes en algunos de los bloqueos pero no pudo evitar que la huelga continúe y se extienda, mientras se preparan nuevas marchas para los próximos días y una jornada nacional de protesta para el martes 17.

Como ejemplo se puede tomar el de la violenta represión al piquete de Pavillons-sous-Bois, un barrio popular de la periferia norte de París, adonde mandaron a la BAC (la brutal Policía que actúa en la periferia). Frente a esta represión todos los trabajadores de la RATP (transporte metropolitano de París) hicieron valer su derecho a no trabajar para poder protegerse, lo que hizo masivizar de hecho la huelga a todos los trabajadores de ese deposito de buses. Allí incluso la dirección de la CGT criticó a los trabajadores por hacer uso de ese derecho, lo que muestra uno de los síntomas de desbordamiento del corsé de la burocracia sindical por parte de las bases.

El puerto de Marsella fue bloqueado por trabajadores que realizaron piquetes en los portones de acceso. Todos los portuarios franceses se han sumado a la huelga a partir de este jueves, incluyendo el de Havre, ciudad de donde proviene el primer ministro Edouard Philippe, quién ayer anunció públicamente el contenido de la reforma jubilatoria que implica trabajar más años para cobrar una pensión menor a la actual.

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"Tenemos bloqueados los ocho principales puntos (de entrada). Vamos a seguir aquí todo el día", aseguró la vocera de la CGT Sandrine Gérard.

La propuesta presentada por el primer ministro generó un rechazo inmediato, como se pudo ver en la reacción en las redes sociales, y también el de los dirigentes sindicales, incluyendo a la CFDT, el gremio más conciliador y que venía apoyando la propuesta de reforma jubilatoria, que señaló que "se cruzó una linea roja" al extender la edad de jubilación a los 64 años para poder acceder a una pensión plena.

"La huelga continúa y lo sentimos, porque no lo habíamos previsto de esta manera", aseguró este jueves el secretario general de la CGT de los trabajadores ferroviarios, Laurent Brun, en declaraciones a la cadena de radio France Info.

"Nos hemos dado cuenta de que el gobierno no da su brazo a torcer y esto va a durar tiempo. No habrá tregua de Navidad salvo si el gobierno entra en razón", agregó.

Sin embargo, estas declaraciones de los sindicatos no implicaron el anuncio de una huelga general indefinida de todos los sectores hasta que caiga la reforma, como exige gran parte de la base de los trabajadores que ya están en huelga. por el contrario los dirigentes sindicales no descartaron volver a sentarse a negociar, algo que hasta ahora el Gobierno aprovechó para limitar y contener las protestas generando expectativas en que se podía mejorar una reforma que ya es cuestionada por la mayoría de los franceses.

Es por esto que tras el anuncio del miércoles, Philippe dijo "Mi puerta está abierta, mi mano está tendida", considerando que los anuncios del Gobierno eran suficientes para poner fin a la huelga.

El Gobierno de Macron quiere impedir un nuevo estallido social tras la crisis por las protestas de este año del movimiento de los "chalecos amarillos", y por eso intentó tender un puente con los sindicatos. Existe una pulseada por la relación de fuerzas en la que el Gobierno no puede retroceder con la reforma porque implicaría el fin de su propio mandato, a la que se suman las direcciones sindicales que siguen sembrando ilusiones en el diálogo, y las calles que se vienen calentando desde la movilización multitudinaria de la semana pasada, y a la que este jueves se sumaron nuevos sectores para completar la lucha que vienen dando ferroviarios, trabajadores del transporte, estudiantes, docentes, abogados y chalecos amarillos, entre otros.

En ciudades como París, este jueves era casi imposible conseguir transporte público para movilizarse y los pocos trenes que funcionaban, conducidos por personal jerárquico, lo hacían abarrotados de gente.

Por la tarde se realizaron marchas en en París y Marsella, aunque el eje de la jornada estuvo puesto en las acciones locales mientras se prepara la jornada de movilización nacional para el martes 17, que será la tercera en menos de dos semanas.

El proyecto es vital para los empresarios y los partidos del régimen político francés. Se trata de quebrar lo que queda del viejo Estado benefactor, que ha venido siendo desmantelado por los sucesivos gobiernos de centroderecha y centroizquierda durante los últimos 40 años. Sin embargo la reforma de las pensiones siempre fue una piedra en el zapato para los que intentaron llevarla adelante. En 1995, al primer ministro Alain Juppé le costó varias semanas de huelga indefinida que terminaron con la reforma, y con su Gobierno. Tampoco lo pudo pasar el derechista Nicolás Sarkozy en los 2000.

Por eso para Macron es casi de vida o muerte. Retroceder significaría reconocer que no puede llevar adelante la que durante su campaña presentó como "la madre de todas las reformas".

Por ahora la huelga no da signos de debilitarse sino todo lo contrario. En algunas ciudades comenzaron a surgir asambleas interprofesionales (intersectoriales) donde se reúnen ferroviarios, trabajadores del metro, docentes, estudiantes o chalecos amarillos para discutir los pasos a seguir u cómo ampliar la huelga. Mientras que las direcciones sindicales abonan la idea de un "diálogo constructivo" con el Gobierno negándose a llamar a la huelga general indefinida, la rabia de las bases es lo que por el momento prima y lo que los obliga a tener que extender las medidas.


Juan Andrés Gallardo

Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario

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