A este interrogante Marx va a responder en el capítulo VIII del Primer Libro de El Capital, dedicado al proceso de producción.
Lunes 8 de mayo de 2017
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En los primeros capítulos de El Capital Marx devela en forma brillante el origen de la ganancia en el capitalismo y que ésta surge del trabajo no pago del obrero por parte del capitalista. Recordamos que durante la jornada de trabajo, el obrero genera más valor del equivalente al que cuesta reproducir su fuerza de trabajo y, es este plusvalor -no pago por el capitalista- el fundamento de la ganancia.
A modo de ejemplo, Marx expone, “... si la producción de los medios de subsistencia que cada día consume el obrero, en término medio, requiere de 6 horas, éste habrá de trabajar 6 horas por día, de promedio, para producir diariamente su fuerza de trabajo....”.
El tiempo destinado a reproducir la fuerza de trabajo constituye el trabajo necesario, que podríamos asociar al tiempo de trabajo que cuesta elaborar productos por un valor equivalente a lo que cuesta la canasta familiar. O sea, para poder comprar un conjunto de bienes y servicios que satisfacen, en cierto modo, las necesidades del trabajador y la reproducción de su grupo familiar.
Decimos, en cierto modo, porque la fuerza de trabajo no siempre es remunerada a su valor y, éste último, depende de un factor “histórico y moral” que, entre otros aspectos, lo conforman las costumbres de vida de la clase trabajadora, que varían en el tiempo y lugar; y lo que es fundamental, la relación de fuerzas entre las clases que en última instancia va a determinar el salario y las condiciones de trabajo.
Pero dado que a los capitalistas les interesa producir bienes y servicios, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para obtener ganancias, van a buscar alargar todo lo que puedan la jornada laboral más allá del tiempo necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo. En este sentido, Marx se va a referir a la existencia de una especie de “hambruna de plustrabajo” por parte de los empresarios, quienes al mismo tiempo, predican sermones de “ahorro” y “abstinencia” a los trabajadores.
Y esta febril ansiedad por extender el plusvalor en forma ilimitada es una característica propia de la sociedad capitalista que se funda en la producción de plusvalor como único fin.
Esa pulsión permanente de los capitalistas por extender la jornada laboral a costa de la salud y la vida misma de los obreros está oculta por los intrincados mecanismos de "mercado" que velan una relación de explotación bajo formas de una relación entre “iguales”. A diferencia de sociedades anteriores, en donde incluso, la división de la jornada laboral entre trabajo necesario y plustrabajo, no estaba velada como en el capitalismo; sino que se manifestaba a la luz del día. En la Edad Media, Marx afirma, “El trabajo necesario, pongamos por caso el que ejecuta el campesino valaco para su propia subsistencia, está separado espacialmente de su plustrabajo para el boyardo (noble). Realiza el primero en su propia parcela, el segundo en la hacienda del señor. Las dos partes del tiempo de trabajo coexisten, por tanto, de manera independiente. Bajo la forma de la prestación servil el plustrabajo está disociado netamente del trabajo necesario.”
¿Cuáles son los límites de la jornada laboral?
La jornada laboral es una magnitud variable, una de sus partes la determina el tiempo de trabajo necesario, que sería su límite mínimo y, la restante, el plustrabajo, que constituye su límite máximo.
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La posibilidad de disponer de más tiempo libre para la clase trabajadora, va en detrimento del plustrabajo y de la ganancia del capitalista. Entonces, la lucha por reducir la jornada laboral le pone una barrera a las ansias de plustrabajo de los capitalistas, como afirmaba Marx, una barrera moral determinada por acceder al tiempo que puede ser destinado a “la satisfacción de necesidades espirituales y sociales, cuya amplitud depende del nivel alcanzado en general por la civilización”.
Por esto mismo, la propia experiencia histórica atestigua que en torno a la duración de la jornada laboral, se va a presentar una contraposición social; según Marx, un choque de derechos y, ante derechos iguales define la fuerza. De un lado, la fuerza de la clase capitalista y del otro la de la clase obrera. En 1886 los Mártires de Chicago abrieron un antes y un después en la lucha de clases por la reducción de la jornada laboral.
6 horas, 5 días
Hoy día según la FAO, la capacidad productiva existente permite alimentar casi dos veces a los 7.000 millones de personas que conforman la población mundial. Sin embargo, la sed de ganancias que organiza al conjunto de la producción y la economía capitalista da por resultado que más de 2.000 millones de habitantes del mundo viven en la pobreza y 700 millones en la extrema pobreza.
Estos profundos contrastes, entre el avance de las tecnologías, la productividad del trabajo y las condiciones de vida de millones en pleno siglo XXI ponen en discusión, ¿Cuál debe ser el destino de estas mejoras en la productividad del trabajo? ¿Cuánto tiene que durar la jornada laboral? ¿Se puede lograr que todos trabajen y lo hagan menos tiempo aprovechando las ventajas últimas de la tecnología?
El aumento considerable de la productividad durante los últimos años, como reflejan las condiciones de producción de alimentos, reduce notablemente el tiempo de trabajo necesario para reproducir la fuerza de trabajo y, con ello permite acortar la duración de la jornada laboral. El problema claro está, en que una medida de este tipo atenta contra los capitalistas que no van a ceder ni un átomo de tiempo del plustrabajo del obrero.
Es en este marco que la reducción de la jornada laboral y el reparto de las horas de trabajo, sin afectar el salario, con todos cobrando de mínimo el equivalente a la canasta familiar, pone un límite al “hambre de plustrabajo” de los capitalistas. Esta propuesta, además, garantiza un principio de solución al desempleo, el subempleo y el sobreempleo, conquistando la posibilidad de trabajar todos y trabajar menos; a la vez, que abre la puerta al disfrute de la vida por primera vez en la historia de la humanidad para las amplias mayorías. Por eso decimos, ¡Nuestras vidas, valen más que sus ganancias!
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Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS - FITU en Jujuy, Argentina.